Probablemente, la última gran
realización de Otto Preminger, un director de origen austriaco, refugiado en
América a la que huyó de las garras del nazismo y que realizó estudios de
Derecho en su juventud. Preminger siempre será recordado por la pieza maestra
del cine negro “Laura”, aunque su
filmografía recoge un buen puñado de películas muy interesantes que no se han
visto afectadas por el paso de los años.
En esta obra de 1962 consiguió reunir
un reparto excepcional Charles Laughton, Henry
Fonda, Walter Pidgeon y Franchot Tone entre otros con el objeto de diseccionar
los entresijos del sistema político norteamericano con sus luces y, sobre todo,
sombras dando lugar a una esmerada cinta, sostenida en brillantes diálogos y
grandes interpretaciones.
Sinopsis: Robert
Leffingwell (Henry Fonda) un prestigioso intelectual, está a punto de ser
propuesto por el presidente de los Estados Unidos (Franchot Tone) para el
trascendental cargo de Secretario de Estado. Sin embargo, no va a resultar una
tarea fácil: sobre el pasado de Leffingwell pesa la sombra de una presunta
pertenencia al Partido Comunista en su juventud, hecho que es utilizado por su
archienemigo político, Cooley, (Charles Laughton) un veterano senador de Carolina
del Sur para impedir que la cámara de representantes de los Estados de su visto
bueno, sin el cual el nombramiento no es posible.
El presidente, ya
anciano y enfermo, pone especial celo en conseguir la aprobación del Senado y,
de hecho, en principio la habilidad del candidato consigue sortear los baches
que sus oponentes ponen en su camino. Sin embargo, Leffingwell confiesa a su
mentor que lo que se dice de él es cierto y que en sus años universitarios
abrazó la ideología izquierdista. A pesar de todo, nada cambia la intención del
mandatario, convencido de la idoneidad del hombre que propone para ese cargo.
Las presiones e intrigas políticas se sucederán hasta dar lugar a inesperado
desenlace, tras el oscuro suicidio de un senador,,,,,,,,,,,,,
La cualidad más
destacada de la película es el análisis del funcionamiento de la política
norteamericana, siendo realmente destacable el hecho que una temática tan en
principio opuesta al cine de entretenimiento de lugar a una cinta que no aburre
en ningún instante y, muy al contrario, engancha por la variedad de subtramas y
personajes que pueblan la pantalla.
En el modelo político
estadounidense la separación de poderes es un pilar esencial del Estado, de tal
forma que está mucho más garantizada que en otros sistemas parlamentarios. El
ejecutivo lo lidera un Presidente elegido democráticamente por los votantes,
pero sus prerrogativas tiene que lidiar con el legislativo compuesto por un
Congreso de representantes y un Senado que actúa como instrumento de representación
territorial , cámaras en las que los congresistas y senadores no actúan bajo la
disciplina de voto que caracteriza a muchos sistemas políticos, ya que deben su
actuación a los ciudadanos que les han elegido. El nombramiento de un puesto de
la relevancia del Secretario de Estado (el equivalente de lo aquí sería el
Ministro de Asuntos Exteriores) exige la aprobación del Senado y el máximo
mandatario debe de conseguir los votos de los senadores, pertenezcan o no a su
partido; incluso debe de luchar por el visto bueno de aquellos que pertenecen a
su misma ideología, ya que Norteamérica los partidos políticos distan de tener
la estructura y funcionamiento que en Europa. Esta circunstancia se repite, por
ejemplo, para la firma de tratados internacionales o designación de Jueces del
Tribunal Supremo, de esta forma se limita el poder de decisión del presidente
como forma de equilibrar y limitar los poderes estatales. En el Derecho
Político comparado se pueden apreciar las diferencias entre los sistemas de partidos
y cómo el régimen electoral general, marca el devenir de la labor de los
políticos.
La película data de 1962, año en el que la
guerra fría estaba en pleno auge y la fijación anticomunista en Estados Unidos
era todavía muy absorbente tras la “caza de brujas” instigada por el propio
Senado a comienzos de los 50. Para cualquier político ser identificado con
ideas de izquierda ponía suponer el final de su carrera y no digamos para un
aspirante a coordinar la acción exterior del Estado.
La cinta plantea
interesantes disyuntivas morales que jalonan la vida política: lucha entre la
verdad y la falsedad, las losas de los secretos del pasado, el uso
malintencionado de los trapos sucios ajenos para la obtención de beneficios…….se
trata de una cinta coral, sin protagonista definido y en la que la
proliferación de personajes se encuentra notablemente ensamblada en la
narración , sin duda alguna una muestra de la brillantez de Preminger como
cineasta. Además, éste siempre se caracterizó por ser un cineasta transgresor,
que hizo saltar por los aires en algunas ocasiones los estrictos códigos de
censura. Un par de años antes en “Anatomía
de un asesinato” trató sin trabas el escabroso tema de la violación y en “Tempestad….” insertó por primera vez en
una película importante de la industria una breve escena de un local de
ambiente homosexual. Con “El Político” de Rober Rossen se trata de quizá la
mejor realización del subgénero político que jamás ofreciese Hollywood.
Pregunta: ¿Un modelo presidencialista con funciones definidas
entre Ejecutivo y Legislativo, garantiza mejor la separación de poderes?.¿Debe
tener el Presidente manos libres para nombra a gente de sui confianza en cargos
decisivos?





