domingo, 23 de noviembre de 2014

EL JUSTICIERO: LA PRESIÓN SOBRE LA JUSTICIA

Figura legendaria donde las haya del cine y el teatro norteamericano, el realizador de origen griego Elia Kazan, fue un autor que nunca hizo ascos a temas de gran trascendencia social, que reflejaban las contradicciones de la, en teoría, opulenta sociedad estadounidense de la postguerra mundial. Situado en la primera etapa de su carrera en un cine que combinaba el realismo social con la estética del cine negro, “El Justiciero” no es una de sus obras más conocidas pero sí, desde luego, de las más interesantes tanto por su retrato de una pequeña comunidad, como por el análisis casi clínico que hace de los diversos intereses que se mezclan en un caso de asesinato, cuyo enjuiciamiento va mucho más allá de la mera aplicación de la Justicia.
Sinopsis: En una pequeña ciudad de Connecticut uno de los pilares de la comunidad, el sacerdote católico, es asesinado en circunstancias misteriosas, de un disparo en la nuca. Dada la popularidad del párroco en la ciudad, sobre la policía local que comanda el estricto jefe Robinson (L. J Cobb), pesa una gran presión para encontrar al asesino. La falta de resultados de la investigación es un gran problema para las autoridades estatales, que ven como la prensa hostil y la oposición política critica la ineficiencia de los poderes públicos para resolver el crimen cuando las elecciones están a la vuelta de la esquina. Ante las críticas recibidas se suceden los interrogatorios con indicios muy escasos
Finalmente, es detenido John Waldron (Arthur Kennedy), un ex soldado sin rumbo fijo en la vida, que deambulada por la ciudad en busca de empleo. Waldron es sometido a unos interrogatorios que minan su resistencia psicológica y termina confesando. Cuando llega el caso al fiscal de la zona Henry L Harvey (Dana Andrews), que además es apoyado por el grupo político que busca la reelección y por ende, interesado en la condena del sospechoso, parece que su posición en la causa va ser clara. No obstante cuando Harvey conoce en profundidad los detalles del caso, empieza a dudar de la culpabilidad del sospechoso, ante la irritación de todos ciudadanos, policía y compañeros políticos que ya han condenado de antemano al Waldron, más por necesidad de justicia inmediata que por la existencia de pruebas sólidas contra el mismo.
“El Justiciero está basado en unos hechos reales acontecidos en Connecticut, en la inmediata post-guerra, hasta el punto que puede considerarse como un documental dramatizado de los mismos. Kazan logró una película rigurosa, en la que su cámara empieza por mostramos la vida cotidiana de una población cualquiera donde la tranquilidad diaria se ve amenazada por un oscuro crimen, para luego adentrarnos en las consecuencias que tiene el mismo y, sobre todo, como los juegos políticos y la red de intereses que suele rodear a cualquier Administración termina por pervertir el análisis de los hechos.
En “El Justiciero” las autoridades políticas están obsesionadas por encontrar un culpable: no sólo por castigar el crimen cometido, sino por mostrar al electorado que su labor es eficiente. En función de ello la policía es incitada a resolver el caso por la vía rápida e incluso a saltarse las garantías de los ciudadanos en busca de resultados efectivos: las detenciones injustificadas se suceden a a limón de críticas en la prensa por la falta de eficacia de las autoridades. Cuando al final, un sospecho es identificado por testigos , el mismo es sometido a una presión psicológica que vulnera sus derechos en busca de su confesión. El fiscal, asimismo, recibe advertencias políticas para acelerar el procesamiento y la condena a muerte del acusado: es la sociedad quien reclama que un culpable, quien sea, pague la alteración que ha sufrido la convivencia.
Es especialmente destaca ble la figura del acusador que encarna el siempre efectivo Dana Andrews, un rostro esencial del cine negro de aquellos años. La misma representa el dilema que se plantea en muchos de los fiscales de las sistemas democráticos occidentales; por un lado es un miembro esencial de un sistema judicial que busca la aclaración de la verdad, al mismo tiempo su designación y apoyo procede del partido político que gobierna en el momento. La lucha entre la independencia de su criterio y los intereses de aquellos que le han ayudado en su carrera e incluso pueden promoverle a Gobernador está servida. Harvey no cree en la culpabilidad de Waldron, pero si no logra su condena, algunas personas influyentes de la ciudad, que le sirvieron para lograr su posición, se pueden ver amenazados. La pérdida de las elecciones puede implicar que algunos negocios oscuros salgan a la luz, y el fiscal es amenazado y presionado para que no siga los dictados de su conciencia y adopte una posición más pragmática; cosa que al final no hará.
Otro de los hechos a tener muy en cuenta en la cinta es como muestra que la sociedad, ante un crimen que la escandaliza, busca un inmediato castigo que choca con las garantías que en todo sistema moderno de derecho tienen los acusados. La indignación social provoca un aumento de la exigencia a policías y tribunales en el castigo al delito y la consecuencia de ellos no es sino la posible detención y penalización de inocentes con pruebas muy poco consistentes. Kazan no quiere una cinta judicial de las que tanto proliferan  en el cine americano en la que un abogado de aires mesiánicos obtiene la absolución de un inocente acusado injustamente; sino el reflejo objetivo de todos los condicionantes que pueden rodear al aparato que imparte la Justicia: prensa, políticos, intereses económicos, trascendencia social de la causa, legalidad en las actuaciones del poder, los límites en la labor de las fuerzas de seguridad, la independencia de los integrantes en el proceso y por su puesto la moralidad de los actores del drama. Un pequeña joya cinematográfica digna de rescatar.


lunes, 10 de noviembre de 2014

EL GRAN COMBATE DE MUHAMMAD ALÍ: LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA

Dramatización de uno de los procesos judiciales más controvertidos de la historia judicial de los Estados Unidos, destacado por afectar al que quizá era el deportista americano más famoso del momento, Cassius Clay, boxeador legendario que con su conversión al Islam pasó a llamarse Muhammad Alí y que protagonizó un escándalo sonado al negarse a combatir en la guerra del Vietnam por motivos de conciencia. La cinta, producida por la prestigiosa cadena de televisión HBO, refleja las deliberaciones del Tribunal Supremo de los Estados Unidos respecto de un litigio que concentró la atención de toda la nación.

Sinopsis: En 1971, la demanda del boxeador Muhammad Alí, instando su absolución por su negativa a ser reclutado para la guerra del Vietnam que le acarreado pena de prisión y privación de su título mundial, llega a la Corte Suprema presidida por el conservador Magistrado, Warren E Burger (Frank Langella). Es una época convulsa para la nación que preside Richard Nixon y la postura del Presidente del Supremo es que el órgano debe de mostrar la mayor unidad posible, algo difícil de lograr por la existencia de Jueces de diversa ideología. El deportista alega la objeción de conciencia como excusa para no combatir contra una nación que según él, no le ha hecho nada ni a su persona ni al islam que invoca.
En un principio la demanda de Alí es rechazada, pero en el equipo de colaboradores del Juez Harlan (Cristopher Plummer), también de adscripción conservadora, entra un joven abogado, Kevin Connolly (Benjamin Walker), que estudia con detenimiento el caso y entabla una lucha personal para que su jefe directo cambie de postura. Harlan es la pieza clave en el Supremo ya que supone el principal apoyo del Presidente para mantener la mayoría conservadora en el mismo. El estado de salud del Juez es muy delicado y su posición ante el caso le hace replantarse muchas de sus convicciones.
El eje central del debate jurídico que preside la película es determinar si la oposición al reclutamiento de Alí cumple con los requisitos establecidos por la jurisprudencia para aceptar la objeción de conciencia de cara a participar en una guerra que son: 1) oponerse a cualquier tipo de guerra, 2) que el origen de la oposición sea la educación religiosa y las creencias, 3) demostrar que la objeción es sincera. Como sucede en otras muchas ocasiones se plantea también la circunstancia que el implicado es una figura nacional, en este caso deportiva. Negarle el derecho a discutir el caso, podía suponer una mala imagen para el Tribunal, ya que el deportista es frecuentemente entrevistado en cadenas de televisión donde proclama a los cuatro vientos su inocencia y el derecho a no combatir conforme a sus creencias. Además, se produce la clásica controversia de estos casos: el sector más conservador quiere archivar la causa y el liberal es partidario de su enjuiciamiento. En el trasfondo late la propia posición del pueblo americano sobre la guerra del Vietnam, ya cuestionada fuertemente por sectores pacifistas en 1971 y que suponía un auténtico quiebro de cabeza para el Presidente  Nixon.
¿Qué puede suceder si el boxeador es indultado?. Supondría un precedente peligroso ya que otros muchos jóvenes norteamericanos no han podido oponerse a su reclutamiento forzoso y parecería dar una imagen de trato privilegiado a una figura mediática del momento. Al mismo tiempo, el Gobierno de los Estados Unidos reprocha al objetor que, conforme a las enseñanzas del Corán sí estaría dispuesto a luchar en la denominada “guerra santa”, en especial si afectase a la comunidad afroamericana. Así que la objeción es “selectiva”: sólo se opone a participar en una guerra promovida por el hombre banco, de tal forma que los requisitos del auténtico objetor (oponerse a cualquier guerra por convicción religiosa) no se cumplen y de hecho en primera instancia el Tribunal está orientado a desestimar su demanda con ese fundamento.

El caso da un giro cuando el asistente del Magistrado Harlan, encuentra un precedente relacionado con la secta de los testigos de Jeová en el que se les declaró objetores de conciencia ya que su religión les impedía participar en cualquier guerra que no fuera ordenada por su Dios. Por analogía Alí no podría participar en ningún conflicto bélico que no fuese expresamente avalada por su profeta, Alá. El veterano juzgador decide cambiar su posición, de tal forma que la mayoría conservadora en el órgano judicial queda neutralizada. En una discusión con un enfurecido Presidente Harlan declara que “Este tribunal es un órgano permanente en el tiempo, respeta la constitución y media entre ella y los conflictos cotidianos”. La obsesión del máximo encargado del Supremo es que el mismo muestre unidad y de esta forma, la nación sea consciente de la postura del poder judicial sobre un asunto de tanto calado.
Con un reparto excepcional, y el adecuado uso de imágenes documentales insertadas hábilmente en la narración, de tal forma que el legendario púgil se convierte en un personaje más de la trama aún sin ser caracterizado por ningún actor, “El Gran combate de……” vuelve a demostrar la pujanza actual del medio televisivo, capaz de atraer a un realizador muy prestigioso como Stepehen Fears, con una larga carrera de éxitos cinematográficas como “Las Amistades Peligrosas” o “La Reina” así como un elenco de intérpretes de primer nivel. Es una película intensa y emotiva capaz de hacer las delicias de todos los aficionados al derecho en general y a los conflictos constitucionales en particular
Pregunta: ¿La objeción de conciencia en todos los ámbitos, debe de ser claramente delimitada para evitar abusos en su uso?



domingo, 26 de octubre de 2014

RECUENTO: LAS ELECCIONES QUE CAMBIARON EL RUMBO DE LA HISTORIA

Ejemplo palmario de cómo la televisión va adquiriendo un prestigio artístico antes no conocido son los telefilmes de calidad que la prestigiosa cadena HBO produce. En esta ocasión dispuso de un elenco de auténtico lujo en el reparto para realizar una obra de ficción sobre uno de los procesos electorales más reñidos de la historia: las elecciones presidenciales en Estados Unidos del año 2000, que enfrentaron a George W. Bush contra Al Gore. La película resulta altamente interesante ya que otorga de fuerza dramática a uno de los argumentos más anti comerciales que uno pueda imaginarse: un recuento de votos.
Sinopsis: Son las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos del año 2000, y en la oficina de campaña del candidato demócrata Al Gore, cunde el desánimo: todo parece indicar que por muy poca diferencia, el republicano George W Bush va a ganar los comicios. Todo depende del resultado de Florida, pero las previsiones no son muy halagüeñas.

Cuando el propio Al Gore está dispuesto a reconocer su derrota, el equipo del candidato recibe una noticia que lo cambia todo: de los últimos recuentos en dicho Estado se deduce que la diferencia de votos es tan escasa que de conformidad con las leyes electorales de Florida es procedente un recuento. Al frente del equipo de Gore se encuentra Ron Klain (Kevin Spacey) antiguo jefe de personal del ex vicepresidente que encuentra en esta lucha una oportunidad para el renacimiento personal y profesional.
Por su parte los republicanos ponen al frente de sus huestes a un viejo zorro de la política, James Baker (Tom Wilkinson) que está dispuesto a exprimir todos los cauces legales para refrendar el triunfo del candidato Bush, en especial en lo referente a acortar los plazos de un recuento manual de las papeletas, ya que si muchos votos dejan de contabilizarse el candidato republicano goza de todos los elementos para obtener la victoria, puesto que todos los resultados provisionales le dan como vencedor.
Cualquier análisis de “Recuento” debe de partir de una premisa clara: la cinta está realizada desde una innegable simpatía hacia la causa demócrata y, por lo tanto, debe de situarse en el contexto de cine político más bien partidista; aunque no haya propiamente “buenos” y “malos”, la película juega con la idea que no fue posible el recuento total de los votos en Florida y que, por lo tanto, nadie supo realmente quien ganó las elecciones a la Presidencia de EE UU en el 2000.  Teniendo en cuenta que el mandato de George W Bush (2000-2008) estuvo lleno de polémica y sazonado de acontecimientos tan destacados como los atentados terroristas del 11-S o la segunda Guerra de Irak, es evidente que los destinos del mundo podían haber sido muy distintos en el caso que Al Gore hubiese ocupado el sillón presidencial.
Pero lo que nadie le puede negar a “Recuento” es el hecho de ser capaz de tratar como si de un “thriller” policial se tratara una temática tan árida y especializada como el derecho electoral, en especial, el siempre farragoso asunto de los recursos y la judicialización del proceso. Resulta sencillamente admirable como son retratados los procesos sociológicos, humanos y legales de una situación de tensión política de la que depende el futuro de la nación más poderosa del mundo. Parece realmente increíble que la determinación de quien va ser el hombre con más responsabilidad de la tierra dependa de variables tales como el tipo de papeleta a utilizar, y la fiabilidad de las máquinas que hacen el recuento.
En muchos condados de Florida, en el año 2000 las papeletas electorales consistían en unas hojas con hoyuelos a los que había que perforar. El diseño de las mismas era muy criticable; por la posición de los hoyuelos era fácil caer en error sobre a qué candidato se estaba votando y, además, en muchos distritos electorales la gente mayor tenía dificultades para perforar completamente la papeleta. En un primer escrutinio Bush ganaba por menos del 0,5 % de los votos, lo que, conforme al derecho electoral de Florida, facultaba al candidato perdedor a pedir un recuento. Sin embargo, estaba comprobado que las máquinas de algunos condados no contabilizaban de forma plena las papeletas mal perforadas, de tal manera que los demócratas solicitan un recuento manual, basándose en jurisprudencia consolidada que defiende la primacía esencial del derecho del votante a participar en el proceso democrático es más importante que la capacidad del mismo de seguir las instrucciones y que la enmienda constitucional denominada  “cláusula de protección igualitaria” exige tratar todos los votos por igual .El problema se planteaba en la medida en que un recuento manual pude perpetuarse en el tiempo,  con lo que la estrategia republicana consiste en apelar a señalar un plazo máximo para el mismo y que se certifiquen como definitivos los resultados que dan a Bush como ganador en Florida. El Tribunal Supremo de Florida permitió el recuento, pero fijó un plazo inferior a una semana para realizarlo, un periodo insuficiente para hacerlo efectivo. Los demócratas, por lo tanto, invocaran que el recuento tenga el tiempo suficiente para ver todas y cada una de las papeletas.
 En función de esa circunstancia se produce una auténtica lucha política que pone en jaque todo un sistema constitucional fraguado desde la Declaración de Independencia de 1776. ¿Debe judicializarse la batalla electoral?. ¿Es fiable el modelo de votación?, ¿La imagen y estabilidad del país pueden permitirse una inagotable lucha en los juzgados estatales y federales para ver quien ha sido el auténtico ganador?¿Es posible adivinar y consignar la intención de los votantes?.....todas esas cuestiones son planteadas en una película que se fundamenta en largos parlamentos de los equipos de trabajo de uno y otro candidato, que aborda temas frecuentes como el liderazgo, la lealtad e incluso la redención personal y que , en fondo, muestra la política como una carrera de fondo en el que lo más importante es mantenerse en la lucha y buscar opciones inmediatas ante los posibles reveses que uno se encuentra. Nada representa mejor esa consigna que James Baker que señala el recuento como “una lucha callejera”.

El asunto terminó en el mismísimo Tribunal Supremo, que optó por una solución pragmática para resolver un conflicto jurídico que podía poner en peligro la gobernabilidad de la misma nación: por una exigua mayoría de 5 a 4, el Supremo determina que ya que no se ha podido cumplir con el plazo del recuento, no hay tiempo de resolver la presunta infracción de la “cláusula de protección igualitaria” invocada por el equipo de abogados demócrata, por la falta de contabilización de todos los votos que colocaba en situación de desigualdad a unos votantes frente a otros, decisión que tenía la polémica añadida de ser limitada a ese caso concreto y que no creaba precedente jurisprudencial. La forma en que se resuelve el conflicto legal en “Recuento” es equiparable a la resolución de un asesinato en una película de suspense, con un clímax magnífico en la que la sentencia de un órgano judicial cambia para siempre el destino de un país. 
“Recuento” es, por tanto, un cine de muy alta calidad que en gran medida sigue el sendero del “thriller político” de aire intelectual sin perder el entretenimiento, subgénero iniciado con “Todos los hombres de Presidente” (1976) de Alan J Pakula y que tiene una conclusión clara: el máximo órgano judicial de Norteamérica prefirió asegurar la estabilidad constitucional e institucional antes que someter a la nación a una incertidumbre que parecía no tener fin; aunque como dice James Baker, no hubo ni un solo momento del inacabado recuento en el que los republicanos no estuviesen por delante, aun de forma mínima. George W. Bush terminó siendo, pues, uno de los presidentes americanos más controvertidos de la historia
Pregunta:¿Los sistemas electorales y de votación, deben revisarse cada cierto tiempo?.


lunes, 6 de octubre de 2014

LA ISLA MÍNIMA: ESPAÑA PROFUNDA CON LA LEY EN JUEGO


Entre las sorpresas más considerables del reciente cine español, se encuentra esta realización de Alberto Rodríguez, una de las películas más favorablemente valoradas en el  último Festival de Cine de San Sebastián y convertida en un notable éxito de crítica y público
Sinopsis: En la Andalucía de 1980, cuando España se encuentra en pleno proceso de transición hacia de democracia, dos policías Juan (Javier Gutiérrez) y Pedro (Raúl Arévalo), investigan la desaparición de dos hermanas. A medida que avanzan en su pesquisas van llegando a la conclusión que se trata de un asesino en serie cuyas víctimas suelen regirse por el mismo patrón: jóvenes que deseaban abandonar un pueblo atrasado y sin perspectivas de futuro. La investigación sacará a relucir los distintos caracteres de ambos policías, obligados a trabajar juntos, pero con personalidades muy divergentes e ideas políticas enfrentadas.
Sin lugar a dudas lo más destacado y sorprendente de “La Isla Mínima” es su conseguida atmósfera, convertida en casi un personaje más de la película. El agobiante y casi amenazador entorno de la España más profunda y oscura de comienzos de los 80 (quizá algo exagerada en cuanto a su falta de desarrollo) se manifiesta como un elemento esencial dentro de la narración ya que es evidente que el hábitat donde se han cometido los crímenes terminará influyendo en los protagonistas.
Los policías implicados en la invstigación acusan una cierta tirantez inicial que va cediendo a medida que avanza la colaboración entre ambos. Pedro es joven y manifiesta inquietudes democráticas propias de los nuevos tiempos, se nos informa que se encuentra “castigado” por haber escrito un artículo en contra de un General al que ha acusado de “facha”, de tal forma que la película insinúa que en las Fuerzas de Seguridad de aquellos tiempos, seguía mandando la vieja guardia del régimen, incpaz de asumir los nuevos tiempos. Curiosamente, su compañero esconde tras de sí un oscuro pasado como represor de la famosa brigada político-social del régimen de Franco y sobre él se ciñe la duda de haber asesinado a una manifestante universitaria y el ser un terrible represor, de esos que el nuevo sistema rechazaba, pero a los que tenía que acudir por su experiencia y conocimiento del medio delictivo. Lo destacado de esta complicada pareja es que ambos terminan comprendiéndose mutuamente….y enriqueciéndose respecto de sus distintas metodologías de trabajo.
En “La isla Mínima” se pueden percibir elementos esenciales de la criminalidad de contenido sexual: la existencia de criminales en serie, el secuestro de jóvenes, la tortura, la violación, la prostitución…….son temáticas abordadas por no pocos “thrillers”, aunque no muy comunes en la filmografía de género española. Como los dos policías son de escuelas muy distintas, se plantea el viejo dilema de las fuerzas de seguridad: determinar si cualquier método es lícito con tal de descubrir a los autores de tan deleznables crímenes. No es casualidad que la película se sitúa en un año puente entre el fin del régimen franquista y la llegada de la democracia. Los viejos métodos expeditivos de la policía de la dictadura no tienen cabida en un marco constitucional y democrático y, por ende, garantista como era el que se intentaba implantar en la España de esos años. Pero la pareja de policías tiene que luchar contra el silencio de un pueblo que vive atemorizado y en el que pocas personas están dispuestas a hablar,  en muchas ocasiones no hay otra forma de sonsacar la información que acudiendo a la amenaza o el golpeo. La propia relación con el Juez de la zona es conflictiva: en un momento dado les recrimina haber detenido a un sospechoso sin su consentimiento y les advierte que las cosas ya han cambiado, pero momentos mas tarde, Pedro, le acusa de proteger al cacique de la zona, el hombre más poderoso que puede estar implicado en un turbio asunto de explotación sexual.
“La Isa Mínima” es, desde luego, una cinta de intriga muy lograda y notablemente interpretada por actores muy alejados de sus roles habituales, en especial en el ámbito televisivo. Posiblemente plantee una radiografía de un país que trataba de salir de un largo periodo de régimen autoritario, pero del que resultaba difícil desprenderse completamente, en especial por mantener en su estructura social, unos hábitos de los que difícilmente se podían dejar atrás, y sobre todo en lo referente a la falta de desarrollo económico y las perspectivas de futuro, de ausencia de cultura y atraso en las zonas más profundas del campo español. Y supone una radiografía poca benevolente de la condición humana, capaz de los crímenes más atroces que uno pueda imaginarse y contra los que el uso de la coacción casi parece justificado.

Pregunta: ¿Las fuerzas de seguridad deben de reclutar a la gente más válida, con independencia de sus perfiles psicológicos y morales?

viernes, 29 de agosto de 2014

TEMPESTAD SOBRE WASHINTONG: LA TRASTIENDA DEL PODER


Probablemente, la última gran realización de Otto Preminger, un director de origen austriaco, refugiado en América a la que huyó de las garras del nazismo y que realizó estudios de Derecho en su juventud. Preminger siempre será recordado por la pieza maestra del cine negro “Laura”, aunque su filmografía recoge un buen puñado de películas muy interesantes que no se han visto afectadas por el paso de los años.
En esta obra de 1962 consiguió reunir un reparto excepcional Charles Laughton, Henry Fonda, Walter Pidgeon y Franchot Tone entre otros con el objeto de diseccionar los entresijos del sistema político norteamericano con sus luces y, sobre todo, sombras dando lugar a una esmerada cinta, sostenida en brillantes diálogos y grandes interpretaciones.
 
Sinopsis: Robert Leffingwell (Henry Fonda) un prestigioso intelectual, está a punto de ser propuesto por el presidente de los Estados Unidos (Franchot Tone) para el trascendental cargo de Secretario de Estado. Sin embargo, no va a resultar una tarea fácil: sobre el pasado de Leffingwell pesa la sombra de una presunta pertenencia al Partido Comunista en su juventud, hecho que es utilizado por su archienemigo político, Cooley, (Charles Laughton) un veterano senador de Carolina del Sur para impedir que la cámara de representantes de los Estados de su visto bueno, sin el cual el nombramiento no es posible.
El presidente, ya anciano y enfermo, pone especial celo en conseguir la aprobación del Senado y, de hecho, en principio la habilidad del candidato consigue sortear los baches que sus oponentes ponen en su camino. Sin embargo, Leffingwell confiesa a su mentor que lo que se dice de él es cierto y que en sus años universitarios abrazó la ideología izquierdista. A pesar de todo, nada cambia la intención del mandatario, convencido de la idoneidad del hombre que propone para ese cargo. Las presiones e intrigas políticas se sucederán hasta dar lugar a inesperado desenlace, tras el oscuro suicidio de un senador,,,,,,,,,,,,,
La cualidad más destacada de la película es el análisis del funcionamiento de la política norteamericana, siendo realmente destacable el hecho que una temática tan en principio opuesta al cine de entretenimiento de lugar a una cinta que no aburre en ningún instante y, muy al contrario, engancha por la variedad de subtramas y personajes que pueblan la pantalla.
En el modelo político estadounidense la separación de poderes es un pilar esencial del Estado, de tal forma que está mucho más garantizada que en otros sistemas parlamentarios. El ejecutivo lo lidera un Presidente elegido democráticamente por los votantes, pero sus prerrogativas tiene que lidiar con el legislativo compuesto por un Congreso de representantes y un Senado que actúa como instrumento de representación territorial , cámaras en las que los congresistas y senadores no actúan bajo la disciplina de voto que caracteriza a muchos sistemas políticos, ya que deben su actuación a los ciudadanos que les han elegido. El nombramiento de un puesto de la relevancia del Secretario de Estado (el equivalente de lo aquí sería el Ministro de Asuntos Exteriores) exige la aprobación del Senado y el máximo mandatario debe de conseguir los votos de los senadores, pertenezcan o no a su partido; incluso debe de luchar por el visto bueno de aquellos que pertenecen a su misma ideología, ya que Norteamérica los partidos políticos distan de tener la estructura y funcionamiento que en Europa. Esta circunstancia se repite, por ejemplo, para la firma de tratados internacionales o designación de Jueces del Tribunal Supremo, de esta forma se limita el poder de decisión del presidente como forma de equilibrar y limitar los poderes estatales. En el Derecho Político comparado se pueden apreciar las diferencias entre los sistemas de partidos y cómo el régimen electoral general, marca el devenir de la labor de los políticos.
 
 La película data de 1962, año en el que la guerra fría estaba en pleno auge y la fijación anticomunista en Estados Unidos era todavía muy absorbente tras la “caza de brujas” instigada por el propio Senado a comienzos de los 50. Para cualquier político ser identificado con ideas de izquierda ponía suponer el final de su carrera y no digamos para un aspirante a coordinar la acción exterior del Estado.
La cinta plantea interesantes disyuntivas morales que jalonan la vida política: lucha entre la verdad y la falsedad, las losas de los secretos del pasado, el uso malintencionado de los trapos sucios ajenos para la obtención de beneficios…….se trata de una cinta coral, sin protagonista definido y en la que la proliferación de personajes se encuentra notablemente ensamblada en la narración , sin duda alguna una muestra de la brillantez de Preminger como cineasta. Además, éste siempre se caracterizó por ser un cineasta transgresor, que hizo saltar por los aires en algunas ocasiones los estrictos códigos de censura. Un par de años antes en “Anatomía de un asesinato” trató sin trabas el escabroso tema de la violación y en “Tempestad….” insertó por primera vez en una película importante de la industria una breve escena de un local de ambiente homosexual. Con “El Político” de Rober Rossen se trata de quizá la mejor realización del subgénero político que jamás ofreciese Hollywood.
Pregunta: ¿Un modelo presidencialista con funciones definidas entre Ejecutivo y Legislativo, garantiza mejor la separación de poderes?.¿Debe tener el Presidente manos libres para nombra a gente de sui confianza en cargos decisivos?

martes, 26 de agosto de 2014

KRAMER CONTRA KRAMER: EL DIVORCIO TRAUMÁTICO


       Pocas películas en la historia del cine americano supusieron la sorpresa de esta ya legendaria realización de Robert Benton, puesto que con un argumento extraordinariamente convencional (la crisis matrimonial de una  familia media y la lucha por la custodia del hijo) logró captar la fibra sensible de no pocos espectadores que se vieron reflejados en los personajes de la cinta muy alejados del perfil clásico de héroe o anti-héroe que suelen poblar las pantallas del cine de más allá del Atlántico casi siempre más preocupado por la fantasía que por la realidad. Pero en aquel ya lejano 1979, esta cinta costumbrista logró una gran taquilla y un reconocimiento crítico generalizado.
 
            Sinopsis: Ted Kramer (Dustin Hoffman) es un directivo publicitario entregado en cuerpo y alma a su trabajo. Después de un éxito profesional le espera una desagradable sorpresa al llegar a su casa: su esposa Joanna (Meryl Streep) le comunica que le abandona al sentirse una mala madre y esposa y no soportar más la situación. Totalmente asombrado, Ted, no puede dar crédito a lo que oye, pero la decisión de su cónyuge es firme. Cuando Joanna sale de  casa, el ejecutivo no sólo tiene que afrontar la ruptura de su matrimonio, sino el cuidado de su hijo Billy (Justin Henry), al que, en el fondo, apenas conoce, ya que esa era una labor que su mujer hacía casi en exclusiva.
            Desesperado, Ted, se ve obligado a asumir un papel de padre que le es totalmente ajeno y que le supone un gran esfuerzo, al ser un hombre que ha volcado todas sus fuerzas en el desarrollo de su carrera profesional. Pero poco a poco va conociendo más a su hijo y asumiendo sus labores como padre , sin el apoyo de una mujer alado suyo,  hasta el punto de conseguir con Billy un cariño y complicidad antes desconocidos, pero al mismo tiempo ese nuevo rol provoca que su rendimiento profesional decrezca y la empresa prescinde de sus servicios. Entonces vuelve a aparecer en escena Joanna, que tras superar una profunda crisis personal, se ve con fuerzas para cuidar de Billy y quiere llevárselo a California con ella. Esto desembocará en una batalla judicial entre los progenitores.
            La cinta de Benton supone una extraordinaria radiografía de un matrimonio de familia media puesto que muestra muchos de los problemas cotidianos de la gente: la adicción al trabajo, la influencia de éste en la vida personal por la difícil combinación de ambos, la depresión, el reparto de tareas del hogar, la forma de afrontar la educación de los hijos….todo ello apoyado en un ingenioso guión que presenta un drama sobrio, presentado de forma coherente. y sin estridencias innecesarias y con un excelente reparto que encabeza en Dustin Hoffman más comedido que de costumbre y que logra uno de los mejores trabajos de su carrera profesional.

            Desde el punto de vista jurídico, “Kramer contra Kramer” nos plantea el siempre peliagudo asunto de quién debe quedarse con el hijo/os cuando se produce una separación, un conflicto jurídico enormemente traumático pese a tratarse de un litigio civil. En la película los letrados de ambas partes  tratan de sacar los trapos sucios de ambos cónyuges para convencer al Juez de que sus representados son la mejor opción para el pequeño, siempre la víctima más inocente en este tipo de causas. Por ejemplo el abogado de Joanna saca a relucir el reciente despido de Ted, a raíz sobre todo de no poder compaginar su trabajo con el cuidado de un niño tan pequeño, así como el accidente que Billy sufrió estando a su cargo por un descuido del publicista. Al mismo tiempo el representante del padre, acosa a Joanna con referencias a sus episodios depresivos del pasado, el abandono que hizo de sus funciones como madre o el fracaso de su relación matrimonial para mostrar sus carácter inestable. La decisión judicial final favorece a la madre: como le ha explicado el abogado a Ted, en los casos de niños de corta edad hay un tendencia de los Tribunales a otorgar la custodia a ellas por considerar que el menor puede estar mejor atendido. De nuevo vuelve a jugar la identificación tradicional que la sociedad suele tener de que el varón va a estar más centrado en sus labores profesionales, aunque hay que tener en cuenta que se trata de una película de hace más de 30 años y a fecha de hoy, esa imagen no está ni mucho menos tan clara.
            La conflictividad surgida en los procesos de divorcio ha tratado de ser resuelta por las leyes y la jurisprudencia en los últimos años, sobre todo tendiendo a las transformaciones sociales existentes. Para evitar luchas fratricidas que perjudican ,sobre todo, a los menores se han introducido medidas como la custodia compartida, que suponen la alternancia en la convivencia con el menor que pasará periodos tasados de tiempo con ambos padres para evitar que el conflicto sea tan desagradable. Claro que esta medida no es posible en aquellos casos que se mezclen con denuncias de violencia doméstica o cuando la inestabilidad psíquica de alguno de los padres sea puesta en entredicho. También es compleja de aplicar cuando los divorciados viven en localidades distintas. En cualquier caso, todo el mundo tiene claro que en estos supuestos se debe de tratar evitar el conflicto  en la medida de lo posible, ya que si la guerra judicial se extiende en el tiempo, las consecuencias suelen ser funestas, no digamos si de por medio aparecen denuncias falsas que tienen el objeto de desprestigiar a la otra parte
            Kramer contra Kramer” fue , por lo tanto, una película pionera en su género, un melodrama cotidiano que visto a fecha de hoy puede quizá parecer algo sobrevalorado al obtener nada menos que 5 Oscar de la Academia (película, director, actor, actriz secundaria y guión adaptado) pero al que se le debe hacer justicia al plasmar por primera vez en la pantalla un tema tan escabroso y tan común en las sociedades contemporáneas como la destrucción de la familia tradicional y los daños colaterales que conlleva. A fecha de hoy, esta es una temática muy común en los telefilmes o series incluso del género policiaco, no era así en la época que fue filmada y justo es reconocerle ese mérito.
Pregunta
¿Qué factores deben de tenerse en cuenta a la hora de adjudicar la custodia de un  hijo? Situación económica, dedicación laboral, informes periciales…………

miércoles, 6 de agosto de 2014

LA OTRA CARA DEL CRIMEN: LA CORRUPCIÓN EN LAS ENTRAÑAS DE LA SOCIEDAD


Pocos cineastas contemporáneos, causan tanta discrepancia de criterios en cuanto a la valoración de su filmografía como el norteamericano James Gray, caracterizado por dotar a su obra de unos personajes más elaborados, desde el punto de vista psicológico, que lo que suele ser habitual en el cine actual, con gusto por presentar complejas personalidades que rayan la personalidad neurótica, agrandada por los notorios conflictos personales que sus tramas suelen incluir. “The Yards” fue su segunda realización y en ella iniciaba su extensa colaboración con el actor Joaquin Phoenix, convertido en el rostro emblemático de sus atormentados personajes.

Sinopsis: Tras salir de la cárcel, Leo (Mark Wahlberg), quiere enderezar su vida, para lo que acude a su viejo amigo Willie (Joaquin Phoenix) que en la actualidad trabaja para Frank (James Caan) hombre de negocios, casado con la tía de Leo y que controla la adjudicación de los contratos del trasporte público de Nueva York, mediante el soborno de los políticos encargados de las mismas. Willie, es el hombre que Frank utiliza para el trabajo sucio de pagar a los Concejales y sabotear las instalaciones y maquinaria de las compañías rivales.

Aunque, en un principio, a Leo le ofrecen apuntarse a unos cursos para trabajar como operario, la necesidad de dinero a corto plazo le inclina a seguir los pasos de Willie, que además es el novio de un antiguo amor de juventud de Leo (Charlize Theron). Pero todo se complica cuando en un intento de sabotaje de los vagones de una empresa oponente, Willie asesina al vigilante de seguridad y Leo, se ve obligado a golpear a un policía que le atacaba con saña. El asesinato le es imputado a Leo reconocido por el policía agredido, y  huye sin tener claro en quien puede confiar. Al mismo tiempo, Frank se ve en complicaciones por que la muerte del guardia de seguridad, amenaza con destapar la red de corrupción que ha ido tejiendo durante años, ya que el Concejal que tiene en cartera, teme que la investigación de los hechos descubra la verdadera historia de la gestión del transporte público de la gran ciudad.
Planteada como un denso análisis de personajes y algo lastrada por el aire trascendente que el realizador siempre quiere impregnar a sus cintas, “La otra cara del crimen” incide en uno de los grandes fenómenos de la política contemporánea: la corrupción municipal. Los Ayuntamientos, en la mayoría de las Administraciones Públicas occidentales son los encargados de los servicios más cercanos a los ciudadanos: transporte, recogida de basuras, policía de barrio, bibliotecas públicas, urbanismo….. Como en la mayoría de los países la externalización de los servicios mediante la contratación de empresas ajenas a la Administración, se ha extendido como garantía de unas mejores prestaciones, es evidente que en manos de las autoridades municipales se encuentra el futuro de muchas empresas. Ello ha provocado que numerosos casos de corrupción modernos tengan su origen en el pago de comisiones a las autoridades locales, para la selección de compañías que se ven obligadas a pagar ese peaje si quieren ganar el contrato y seguir subsistiendo en el competitivo mercado. Los mecanismos de burla de la legislación vigente son cada día más sofisticados y suelen incluir concursos públicos con condiciones hechas a imagen y semejanza de la empresa a la que se quiere favorecer, hasta dejar el contrato desierto para luego proceder a la adjudicación directa en favor de alguna entidad, o sacar sólo ciertas partes del contrato, para evitar las formalidades y controles al no superar las cuantías que exigen las mismas.

En “La otra cara del crimen” la corrupción está insertada en las entrañas del sistema: todas las compañías que compiten saben que deben de seguir las reglas juego “extraoficiales” para obtener lo que quieren. La misma, por otra parte, es fomentada desde arriba. El Concejal exige al poderoso hombre de negocios encarnado por James Caan el pago en dinero negro por sus favores. Pero cuando la cosa empieza a complicarse con la muerte del guardia de seguridad, pretende dejar tirado a su benefactor y desentenderse del tema. Frank le amenaza con sacar a la luz todas las transferencias hechas a su favor, con las que , según el, ha podido comprarse su lujosa casa y ante esa amenaza el corrupto político intenta llegar a una solución pactada para todos los implicados. Convence al jefe de la Policía Local para que influya sobre el agente agredido y cambie su testimonio a cambio de una gratificación y pacta continuar con la adjudicación fraudulenta, a cambio de otorgar a otra compañía aspirante el 20 % del precio de los contratos, si no destapa la verdad. En definitiva un sistema de corrupción institucionalizado, aceptado por todos los actores de la función y que pone en evidencia el quebrantamiento de las leyes garantes de la igualdad de todos los ciudadanos ante la Administración.

Todo este sistema salta por los aires cuando, en función de circunstancias personales, el personaje de Leo saca a la luz todos los trapos sucios en el final de la película. Es un ejemplo claro de final moralizante típico del cine americano; pero no es menos cierto que algunos de los casos más famosos de fraudes de ese estilo han salido a la luz por la confesión de alguno de los implicados en el mismo, aunque por motivos menos altruistas: generalmente alguien al que se la dejado fuera del reparto de beneficios o que ha sido descubierto y no quiere que todas las culpas recaigan el él. Parce difícil, dadas las ingentes cantidades de dinero que la contratación pública maneja, que la sombra de la corrupción desaparezca algún día, a lo que hay que añadir el escaso salario que proporcionalmente reciben los políticos en comparación con los altos ejecutivos que ocupan cargos similares en responsabilidad en la empresa privada. En mayor o menor medida, estos dos factores suponen el caldo de cultivo de una de las lacras que más está dañando a las democracias modernas y que no es ajena a casi ninguna de ellas.

Pregunta:
¿Hay forma posible de erradicar totalmente la corrupción, o al menos dejarla en niveles mínimos?. ¿Qué factores la favorecen más? ¿En qué Administraciones y porqué hay mas corrupción?.

sábado, 21 de junio de 2014

X- MEN: LA INTEGRACIÓN DE LA MINORÍAS

Configurada como una exitosa serie cinematográfica, la saga de los X-Men sin embargo puede también interpretarse como una reflexión sobre la integración en la sociedad de las minorías, de aquellos que cuentan con una peculiaridades que les apartan de los comunes y en no pocas ocasiones se encuentran con el rechazo generalizado ante el que caben dos opciones: la búsqueda de la integración, o la lucha frente a la discriminación.



Basadas en comics de la mítica casa norteamericana Marvel, en la génesis de la adaptación al cine de X-Men se encuentra el hecho que su gran impulsor, el director Brian Singer y uno de sus protagonistas principales , Ian Mckellen pertenecen a un colectivo “especial” dentro de la sociedad, ya que los dos han confesado sin cortapisas su homosexualidad. En ocasiones ambos han declarado que vieron en la historia de esos mutantes con superpoderes que son rechazados por la raza humana, una analogía clara con la situación del colectivo gay durante no pocos años y que en función de esa coincidencia aceptaron el proyecto.
De hecho gran parte de las películas, más allá de sus tramas de acción y efectos especiales, tienen el trasfondo de las complicadas relaciones que deben de abordar con los seres humanos normales. Como dentro de los mutantes se encuadran dos tendencias bien diferenciadas: la representada por el profesor X (Charles Xavier), un sabio convencido que la convivencia pacífica es posible y que termina entablando rivalidad con el otro ala de los mutantes, la representada por Magneto (llamado así por su poderío sobre los metales) tendente a la destrucción de los humanos como vía de supervivencia en una guerra sin cuartel declarada y que sólo los ingenuos no quieren asumir; en casi todas las películas de la saga los mutantes deben de defenderse de los intentos de destrucción de los humanos que les consideran como un peligro para su integridad dada su diferencia, e incluso su superioridad de recursos. No en vano, la difícil convivencia entre razas ha sido uno de los caballos de batalla más arduos de la historia y el propio Derecho.
Piénsese por ejemplo en los negros en Norteamérica, que después de la Guerra Civil accedieron en teoría a la plenitud de derechos civiles y políticos, pero que durante no pocos años fueron relegados como ciudadanos de segunda categoría, en especial en los estados del Sur profundo, tal y como reflejaba la ya comentada “Arde Missisipi”. Incluso el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, a finales del siglo XIX llegó a legitimar la segregación racial en espacios públicos como las escuelas, los baños o los autobuses. No fue hasta 1954, cuando la Corte Suprema cambió de postura abriendo la vía de la era de los Derechos Civiles, que se extendieron en los 60. Frente a la discriminación racial dos tendencias se asentaron en el mundo de color: lo medrada y pacifista de Martin Luther King, y la reblede y violenta de Malcom-X, no muy distinto de los reflejado en la saga de los X-Men.

El propio colectivo homosexual ha recorrido un largo camino para dejar de lado primero la etiqueta de “pecado” que durante no pocos siglos les ha perseguido y, con posterioridad, el cierto reconocimiento institucional y legislativo de su condición, manifestado en la posibilidad, muy polémica, de contraer matrimonio civil u adoptar menores de edad, reconocido por bastantes estados en la actualidad y que ha dado lugar a un profundo debate jurídico al respecto. No ha sido infrecuente su reclusión en barrios identificados con esa condición y has  fechas muy recientes ha sido rara la reivindicación de sus derechos políticos y civiles, tomando como referencia para ellos cintas como “Mi nombre es Harvey Milk” (2008).

Piénsese también en las dificultades de los inmigrantes en los países en los que desembarcan en busca de un futuro mejor y en la historia del pueblo judío, con las terribles represiones que en no pocas ocasiones a lo largo de la historia ha debido de sufrir. Por eso la saga de los extraordinarios mutantes puede ser tomada por referencia de uno de los debates más candentes de la actualidad, y que nunca acaba de ser resuelto del todo,

miércoles, 11 de junio de 2014

GAL: EL ESTADO Y SUS MÉTODOS

Tras el éxito de “Lobo” y con el impulso del medio de comunicación que sacó a la luz uno de los más importantes escándalos de la  España contemporánea, esta cinta no consiguió alcanzar el éxito de crítica y público de su predecesora a pesar de repetir gran parte de su equipo, como el director Miguel Curtois o el guionista Antonio Onetti. De hecho, apenas llegó a dos millones de recaudación sobre los más de cinco de presupuesto que tenía. Contó con el asesoramiento de Melchor Miralles, el periodista que destapó gran parte de los hechos de la película en la que se analiza la creación de un grupo antiterrorista que realiza actividades ilegales contra los terroristas etarras e impulsado por el propio Gobierno Socialista que en 1983 acababa de ganar las elecciones
Sinopsis: Dos periodistas de investigación de Diario 16 Manuel Mallo (José García) y María Castillo (Natalia Verbeke) investigan la presunta guerra sucia contra ETA. Sus pesquisas les llevan al subcomisario de policía Paco Ariza (Jordi Millá) que termina siendo detenido por los presuntos delitos cometidos por los llamados grupos antiterroristas de liberación. El Gobierno español niega toda conexión con los hechos, pero a la sede del periódico que ha puesto en la calle el asunto, Diario 16, empieza a llegar presiones políticas para no seguir con la investigación, hasta el punto de terminar provocando el cese del director del periódico.
Aun cuando se trató de una película bastante fallida y que quedó lejos de sus intenciones, “GAL” es un testimonio fílmico de quizá el gran escándalo periodístico de la España contemporánea: la creación de un grupo que utilizara la violencia frente al terrorismo etarra en los días más sangrientos de la actividad de la banda. De hecho, fue el desgaste producido por este asunto, unido a otras casos de corrupción lo que en gran medida provocó la caída del Gobierno de Felipe González en las elecciones de 1996, después de más de trece años en el poder. En ella podemos comprobar cómo la actividad ilícita del ejecutivo es controlada por un poder “oficial” (la Justicia) y otro “extraoficial” aunque no menos poderoso e influyente (la prensa), cuya acción resulta determinante en esclarecer los oscuros hechos.

Un gobierno electo decide que los medios propios del Estado de Derecho no son los adecuados ni los más eficaces para luchar contra el terrorismo, de tal forma que decide usar la violencia no institucionalizada y acudir al asesinato y el secuestro como vía de implicar a las autoridades francesas en la lucha contra la banda terrorista; ya que en esos años gran parte de la cúpula terrorista etarra encontraba cobijo en tierras francesas. Esa acción del poder Ejecutivo encuentra oposición en otro poder del Estado (el judicial) que abre un proceso judicial por la vulneración de la ley; y en otro poder esta vez perteneciente a la llamada “sociedad civil”, la prensa, que actúa como contrapeso esencial dada la tendencia de cualquier gobierno a extender sus tentáculos a todos los ámbitos posibles. Por lo tanto, en "Gal" podemos analizar las relaciones entre algunos de los focos de ejercicio del poder más importante en la sociedad, y nos pone en conexión con un elemento esencial de la democracia : el equilibrio en el ejercicio del mismo.
 Desde la Ilustración la separación de poderes ha sido un dogma de cualquier sociedad considerada como democrática, un elemento esencial del sistema para su supervivencia. El Ejecutivo ostenta el monopolio del uso de la violencia institucionalizada pero en los sucesos de “GAL” decide hacer uso de ella fuera de los cauces legales, atendiendo a “razones de Estado”, un concepto político que defiende la tesis que el ataque a las entrañas del Estado que supone el terrorismo, legitima de algún modo el uso de métodos expeditivos. ¿Porqué toma esa decisión?. Posiblemente al comprobar que los cauces normales del Estado de Derecho no son suficientes para detener la sangría terrorista.

El papel de la prensa es el de actuar como voz independiente y fiscalizadora de la labor gubernamental. El periodismo ya había vivido su momento de esplendor en Estados Unidos en el llamado “caso Watergate”, en el que la labor indagadora de dos periodistas provocaron la dimisión del presidente Nixon. Al ser una producción impulsada por el grupo de comunicación que tomó el asunto como núcleo esencial de su crecimiento como medio (el diario “El Mundo”) la imagen de los periodistas sale, lógicamente, enaltecida. La cinta refleja la situación real vivida por el director del rotativo que destapó el suceso (el ya desaparecido “Diario 16”), Pedro J Ramírez que fue destituido de su cargo por presiones sobre el grupo editorial. Años más tarde Ramírez fundaría un nuevo periódico desde el cual pudo concluir la labor iniciada años atrás. Sin embargo, no faltaron voces que señalaron que lo que se buscaba entonces no era tanto la averiguación de la verdad, sino la caída política del Presidente Felipe González y que, en el fondo, gran parte de la ciudadanía respaldaba las acciones violentas realizadas contra la sangrienta banda terrorista. Pero la aparición en prensa de forma continuada de las noticias relacionadas con las acciones del grupo antiterrorista suponía una desgaste político considerable para un Gobierno que además afrontaba una fuerte crisis económica y la sombra de varios escándalos de corrupción.
En la película aparece además, un alter-ego del famoso Juez Garzón, un Magistrado polémico, que durante no pocos años acaparó las portadas de los periódicos al protagonizar los sumarios judiciales de causas muy mediáticas y sobre las que adoptó decisiones muy polémicas. De hecho la instrucción del sumario de los GAL fue la que le dio el definitivo salto a la fama. En esta ocasión es un miembro de la judicatura el que pone en peligro el destino de los miembros del gobierno de turno.
Así pues, y aunque la calidad de la cinta no alcanzase las cotas quizá en principio esperadas se trata de un retrato interesante que mezcla realidad y ficción y hace reflexionar sobre el papel de Estado en la lucha contra el terrorismo y el poder de los medios de comunicación en la sociedad moderna,.

Preguntas:

¿Puede existir algún límite a la legalidad vigente o no?¿Ninguna circunstancia, por grave que resulte legitima a las autoridades públicas a saltarse los cauces legalmente previstos?.¿Un grupo terrorista, está en guerra contra un Estado, y contra él se pueden adoptar medidas extraordinarias?

domingo, 1 de junio de 2014

ARDE MISSISSIPI: O SI EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS

No son pocos los ejemplos del cine norteamericano que reflexionan sobre la legitimidad en el uso de la violencia por parte de las fuerzas del Estado. Si la legalidad o, aún más, la justicia no son alcanzables por métodos ortodoxos se plantea la duda si acudir a otras vías legalmente dudosas en busca de una finalidad superior.
Arde Missisipi” (1988) de Alan Parker, basada en hechos reales es una magnífica muestra de este fascinante debate muy insertado en una sociedad como la americana, en la que el recurso a la violencia está arraigado en la idiosincrasia popular desde la conquista del oeste. Trata además una de las cuestiones más escabrosas del siglo XX en Estados Unidos: el racismo, que estuvo muy lejos de ser erradicado tras la abolición de la esclavitud tras la guerra civil del periodo 1861-1865. Es, asimismo, la mejor cinta del británico, un realizador muy irregular aunque en su día muy apreciado, y cuenta con un memorable trabajo de Gene Hackman en el papel protagonista, acaso el mejor de su distinguida carrera, aunque perdiese (tal vez injustamente) la carrera del Óscar frente a Dustin Hoffman con su autista de “Rain Man”.

Sinopsis: En la América de 1964, en la que están emergiendo la lucha por los Derechos Civiles, tres jóvenes activistas (dos blancos y uno negro) se dirigen al condado de Jessup, en el Sur más profundo en el que la cuestión racial sigue más candente y el Ku Klus Klan se mantiene en pena actividad, para abrir un centro de inscripción de votantes negros. Detenidos por las autoridades del condado en plena noche, son asesinados por los hombres del sheriff que hacen desparecer sus cadáveres.
Un tiempo después llegan a Jessup, dos agentes del F.B.I, Ward (William Dafoe) y Anderson (Gene Hackman) a averiguar lo ocurrido, en función de las competencias de la agencia gubernamental en materia protección de Derechos Civiles. Recibidos con notable hostilidad por las autoridades del condado y los ciudadanos locales, encuentran graves dificultades para aclarar los hechos y no logran dar con los cuerpos de los activistas, pese a sus fundadas sospechas que han sido asesinados. Mientras Ward (de hecho el superior jerárquico) es un joven licenciado que quiere seguir a rajatabla los cauces formales de actuación, el agente Anderson, por el contrario, no duda a acudir a métodos menos convencionales, que implican incluso uso de la violencia e utiliza su conocimiento de la psicología de los habitantes del lugar (fue sheriff de un pueblo del Sur en su juventud) para sonsacar de ellos la información, en especial de la amargada esposa de uno de los policías criminales (Frances McDormand), por la que termina conociendo la verdad de los hechos. No obstante, encontrar pruebas incriminatorias es muy difícil y Ward termina cediendo a la propuesta de Anderson de prescindir de las garantían de los sospechosos para lograr su condena.
Película de gran tensión dramática y acertada descripción de una comunidad rural en la que los prejuicios raciales siguen insertados en la vida cotidiana, lo más destacado es el hecho de los métodos utilizados en la recta final de la misma, por los agentes federales para lograr la confesión de los culpables. Después de haber intentado descifrar la verdad por el procedimiento ordinario con ningún resultado, los federales, comandados por Anderson no dudan en acudir a la tortura psicológica y la violencia física para lograr que los culpables se asusten y se incriminen entre sí. Se trata de una estrategia maquiavélica y hasta digna de cualquier sistema totalitario, pero con el matiz que busca y consigue la condena de unos asesinos y racistas de la peor calaña imaginable. En realidad todas las autoridades públicas del pueblo están corrompidas y movidas por el odio racial: el alcalde, el sheriff, los ayudantes del mismo….Hasta los tribunales de justicia locales, no dudan en absolver todo ataque contra la comunidad negra, mediante una aplicación cínica y parcial de la legislación vigente, mostrando un absoluto desprecio por la igualdad de los ciudadanos ante la ley, y avalando la existencia de ciudadanos de primera y segunda clase. En definitiva, los habitantes y poderes del profundo Missisipi justifican los ataques contra la gente de color, mostrando un absoluto desprecio por los principios constitucionales.

Ante esta tesitura, el F.B.I decide pasar al ataque y plantea una estrategia de coacciones que da los resultados esperados :el acalde es secuestrado por un negro, en realidad un agente federal, que le amenaza con rajarle los testículos si no confiesa lo que sabe; el ayudante del sheriff que ha disparado sobre los activistas y dado una paliza a su mujer por dar información, es torturado por Anderson en la barbería, además de convencerle que otro de los asesinos ya ha cantado, otro inculpado es señalado como soplón ante los miembros del Ku, Klus Klan……El espectador, sabiamente manejado por guionistas y director, termina aplaudiendo el castigo de los culpables, pese a la notable dureza que implica, ya que el retrato de los mismos no ha podido ser más negativo: gente soez, vengativa, violenta y que abusa de los débiles sin cortapisa. El mensaje de “Arde Missisipi” es muy claro, muy cinematográfico, pero muy alejado de los principios que, teóricamente, rigen los sistemas legales del mundo occidental: a veces la violencia sólo puede ser contrarrestada con violencia. Así mientras que el agente Ward representa el uso civilizado de la fuerza pública, Anderson implica el brutal realismo derivado de sus años de experiencia y su conocimiento del medio, por encima de las leyes que marcan la actuación de las fuerzas de orden público y, no en vano, es el héroe de la cinta y , de hecho, sus tesis son las finalmente triunfantes. Su figura no se separa mucho, pues,  de la de los cow-boys de tantos westerns.
Preguntas:
¿Si la legalidad ordinaria no resulta suficiente para obtener los resultados apetecidos, puede justificarse de alguna manera el recurso a la fuerza?. ¿Esa fuerza debe, en todo caso, legalizarse, mediante normas que permitan alterar las garantías de los sospechosos en circunstancias excepcionales?



jueves, 15 de mayo de 2014

LA HOGUERA DE LAS VANIDADES: EL PROCESO MEDIÁTICO

Basada en una exitosa novela de Tom Wolfe, el llamado creador del “nuevo periodismo”, la película rodada por el innovador Brian de Palma fue, sin embargo, un clamoroso fracaso de crítica y público, pese a contar con un elenco de intérpretes destacado como Tom Hanks, Melanie Griffith, Bruce Willis o Morgan Freeman. Pero lo cierto es que el director y los actores fueron sometidos a un juicio poco benévolo de la crítica especializada que consideró que la película en ningún momento se situaba a la altura del material literario en el que estaba basado, una crítica ácida al materialismo despiadado de la alta sociedad neoyorkina de los años 80, así como los oscuros intereses que mueven a algunos presuntos garantes del orden y la moralidad. De Palma un especialista en el cine de suspense con impactantes imágenes de violencia muy estilizada, no pudo desenvolverse con soltura en el terreno de la comedia costumbrista con sentido crítico, aunque vista con el tiempo quizá la cinta no era merecedora de tanto reproche, aun sin ser ni mucho menos una obra maestra,

Pese a todo se trata de una obra interesante en la medida en la que en ella se pude rescatar un tema jurídico muy candente en nuestros días: los procesos judiciales en los que la impartición objetiva de justicia casi pasa a un segundo plano por los intereses creados en torno al mismo, y cómo dichos procesos están muy condicionados por factores externos, del Derecho.
Sinopsis: Sherman MaCoy (Tom Hanks) es un acaudalado ejecutivo de bolsa neoyorquino  mantiene un romance secreto con la mujer de otro millonario, (Melanie Griffith); en una cita clandestina con su amante son asaltados por un delincuente negro mientras están en el coche del ejecutivo. La mujer, asustada, acelera y atropella al ratero dándose a la fuga. Aunque MaCoy quiere ir a la policía, la mujer se opone ya que ambos son casados y ello provocaría un escándalo.
El muchacho de color que quedó en coma tras el atropello es utilizado por un predicador televisivo como ejemplo de la marginación a la que es sometida la comunidad negra. Ello provoca que el Fiscal de Distrito (F. Murray Abraham) ponga todo su celo en encontrar al culpable, dado que aspira a convertirse alcalde de Nueva York, y dejar impune el crimen supone una pérdida de imagen ante las minorías étnicas cuyo voto puede ser decisivo. Cuando las pesquisas llevan a que el titular del vehículo es un exitoso ejecutivo de Bolsa de Wall Street, blanco, anglosajón y protestante, así como millonario; la Fiscalía pone todo su celo en conseguir su condena y los medios de comunicación, comandados por un periodista alcohólico que ve en el caso la posibilidad de redimirse (Bruce Willis) montan un espectáculo mediático en torno al proceso.
Aunque como hemos señalado anteriormente “La Hoguera de las Vanidades” es uno de los grandes fiascos del cine americano de los 90, su temática nos lleva a ponernos enfrente del indudable hecho de cómo los intereses políticos y periodísticos pueden influir en un caso frente a un tribunal. Al comienzo de la película el Juez Leonard (Morgan Freeman) le reprocha al ayudante del Fiscal que traiga al Juzgado una causa sin fundamento sólo porque el acusado es blanco. “Sé que su jefe, el Fiscal Abbe Weiis, que piensa todo el día y sueña toda la noche en convertirse en Alcalde de Nueva York, está buscando a su gran acusado blanco, pero no lo hará en mi tribunal”. ¿El Motivo?. Buscar el voto de los negros y latinos del Bronx con la condena de una blanco acaudalado que demuestre a esos colectivos, cuyo voto vale igual que el de los blancos, que la mano de la justicia alcanza a todos. Cuando MaCoy tiene la desgracia de verse implicado en el accidente de un delincuente de color ha cavado su tumba; nada mejor que un pijo de Manhattan para darle carnaza a la masa. El bróker no sólo luchará frente a los acusadores públicos, también frente a una campaña mediática que trata de presentar la causa contra el mismo en un show televisivo que atraiga la atención de la audiencia y la manipulación de un predicador, el reverendo Bacon (John Hancock), que trata de sacar partido político de la muerte de un afroamericano.
Por lo tanto el enjuiciamiento del acusado está muy determinado por el entorno que rodea al juicio. Su absolución es considerada como inaceptable por la opinión pública, que espera una condena ejemplar gracias a la labor de propaganda de determinados focos de poder de la sociedad. También la Fiscalía actúa sin su objeto esencial de defender la legalidad y lo que busca es el rendimiento electoral, algo propio de un modelo como el norteamericano en el que los Fiscales de Distrito son elegidos de forma democrática y tienen una supervivencia condicionada a las condenas que obtengan y el impacto que provoquen en el electorado. Es una diferencia esencial del modelo anglosajón de acusación pública frente al occidental europeo, en el que la Fiscalía se integra como organismo independiente y profesionalizado, al margen de elecciones.

En los últimos años hemos sido testigos de numerosos juicios con gran relevancia en los medios y en la opinión pública. Piénsese en casos como los atentados del 11-M, los asesinatos del GAL, la financiación irregular de los partidos, o los oscuros manejos financieros del yerno del Rey. Causas con muchos intereses creados y que dificultan tremendamente la labor de los encargados de juzgarlas, ya que sus decisiones son analizadas con lupa y en muchas ocasiones, sin mucha objetividad. En no pocas ocasiones la sociedad espera condenas ejemplares y los partidos políticos y la prensa ejercen no poca presión en el desarrollo de los trámites procesales. Muchas similitudes con los temas tratados en la película de Brian de Palma, que si bien pude quedarse corta como crónica social ácida, si pude utilizarse como buena muestra de un proceso sin garantías suficientes para un acusado, debido a ser quien es. Esto es la negación del principio de igualdad ante la ley y a un juicio justo. Dentro del tono crítico de la película no es extraño que acusado se salve de la condena mintiendo ante el tribunal: con un testimonio perjuro asegura que una cinta magnetofónica en la que se escucha que él no conducía el coche, sino su amante, ha sido grabada por él, único medio procesal para que la prueba sea aceptada por el Juez que en función de dicha evidencia absuelve al acusado. Una acción inmoral pero que puede entenderse desde la perspectiva de quien ha sido más objeto de un linchamiento que de un enjuiciamiento. El propio Magistrado termina reprochando a todos los implicados su escasa moralidad durante toda la causa y que una sala de Justicia debe de estar por encima de los intereses particulares. En definitiva una historia con una visión muy nihilista de la sociedad contemporánea y su escaso sentido de la Justicia.
Pregunta:
¿Los procesos con gran trascendencia social mantiene todas las garantías para los acusados?..¿Qué papel debe desempeñar la prensa en ellos?¿Cómo mera informadora o también debe dar su opinión?