Ejemplo palmario de cómo la televisión
va adquiriendo un prestigio artístico antes no conocido son los telefilmes de
calidad que la prestigiosa cadena HBO produce. En esta ocasión dispuso de un
elenco de auténtico lujo en el reparto para realizar una obra de ficción sobre
uno de los procesos electorales más reñidos de la historia: las elecciones
presidenciales en Estados Unidos del año 2000, que enfrentaron a George W. Bush
contra Al Gore. La película resulta altamente interesante ya que otorga de
fuerza dramática a uno de los argumentos más anti comerciales que uno pueda
imaginarse: un recuento de votos.
Sinopsis: Son las elecciones a la
presidencia de los Estados Unidos del año 2000, y en la oficina de campaña del
candidato demócrata Al Gore, cunde el desánimo: todo parece indicar que por muy
poca diferencia, el republicano George W Bush va a ganar los comicios. Todo
depende del resultado de Florida, pero las previsiones no son muy halagüeñas.
Cuando el propio Al Gore está
dispuesto a reconocer su derrota, el equipo del candidato recibe una noticia
que lo cambia todo: de los últimos recuentos en dicho Estado se deduce que la
diferencia de votos es tan escasa que de conformidad con las leyes electorales
de Florida es procedente un recuento. Al frente del equipo de Gore se encuentra
Ron Klain (Kevin Spacey) antiguo jefe de personal del ex vicepresidente que
encuentra en esta lucha una oportunidad para el renacimiento personal y
profesional.
Por su parte los republicanos ponen al
frente de sus huestes a un viejo zorro de la política, James Baker (Tom
Wilkinson) que está dispuesto a exprimir todos los cauces legales para
refrendar el triunfo del candidato Bush, en especial en lo referente a acortar
los plazos de un recuento manual de las papeletas, ya que si muchos votos dejan de
contabilizarse el candidato republicano goza de todos los elementos para
obtener la victoria, puesto que todos los resultados provisionales le dan como
vencedor.
Cualquier análisis de “Recuento” debe
de partir de una premisa clara: la cinta está realizada desde una innegable
simpatía hacia la causa demócrata y, por lo tanto, debe de situarse en el
contexto de cine político más bien partidista; aunque no haya propiamente
“buenos” y “malos”, la película juega con la idea que no fue posible el
recuento total de los votos en Florida y que, por lo tanto, nadie supo
realmente quien ganó las elecciones a la Presidencia de EE UU en el 2000. Teniendo en cuenta que el mandato de George W
Bush (2000-2008) estuvo lleno de polémica y sazonado de acontecimientos tan
destacados como los atentados terroristas del 11-S o la segunda Guerra de Irak,
es evidente que los destinos del mundo podían haber sido muy distintos en el
caso que Al Gore hubiese ocupado el sillón presidencial.
Pero lo que nadie le puede negar a
“Recuento” es el hecho de ser capaz de tratar como si de un “thriller”
policial se tratara una temática tan árida y especializada como el derecho
electoral, en especial, el siempre farragoso asunto de los recursos y la
judicialización del proceso. Resulta sencillamente admirable como son
retratados los procesos sociológicos, humanos y legales de una situación de
tensión política de la que depende el futuro de la nación más poderosa del mundo.
Parece realmente increíble que la determinación de quien va ser el hombre con más responsabilidad de la tierra dependa de variables tales como el tipo de papeleta a
utilizar, y la fiabilidad de las máquinas que hacen el recuento.
En muchos condados de Florida, en el
año 2000 las papeletas electorales consistían en unas hojas con hoyuelos a los
que había que perforar. El diseño de las mismas era muy criticable; por la
posición de los hoyuelos era fácil caer en error sobre a qué candidato se
estaba votando y, además, en muchos distritos electorales la gente mayor tenía
dificultades para perforar completamente la papeleta. En un primer escrutinio
Bush ganaba por menos del 0,5 % de los votos, lo que, conforme al derecho
electoral de Florida, facultaba al candidato perdedor a pedir un recuento. Sin
embargo, estaba comprobado que las máquinas de algunos condados no
contabilizaban de forma plena las papeletas mal perforadas, de tal manera que
los demócratas solicitan un recuento manual, basándose en jurisprudencia
consolidada que defiende la primacía esencial del derecho del votante a
participar en el proceso democrático es más importante que la capacidad del
mismo de seguir las instrucciones y que la enmienda constitucional
denominada “cláusula de protección igualitaria” exige tratar todos los votos
por igual .El problema se planteaba en la medida en que un recuento manual pude
perpetuarse en el tiempo, con lo que la
estrategia republicana consiste en apelar a señalar un plazo máximo para el
mismo y que se certifiquen como definitivos los resultados que dan a Bush como
ganador en Florida. El Tribunal Supremo de Florida permitió el recuento, pero
fijó un plazo inferior a una semana para realizarlo, un periodo insuficiente
para hacerlo efectivo. Los demócratas, por lo tanto, invocaran que el recuento
tenga el tiempo suficiente para ver todas y cada una de las papeletas.
En función de esa circunstancia se produce una
auténtica lucha política que pone en jaque todo un sistema constitucional
fraguado desde la Declaración de Independencia de 1776. ¿Debe judicializarse la
batalla electoral?. ¿Es fiable el modelo de votación?, ¿La imagen y estabilidad
del país pueden permitirse una inagotable lucha en los juzgados estatales y
federales para ver quien ha sido el auténtico ganador?¿Es posible adivinar y
consignar la intención de los votantes?.....todas esas cuestiones son
planteadas en una película que se fundamenta en largos parlamentos de los
equipos de trabajo de uno y otro candidato, que aborda temas frecuentes como el
liderazgo, la lealtad e incluso la redención personal y que , en fondo, muestra
la política como una carrera de fondo en el que lo más importante es mantenerse
en la lucha y buscar opciones inmediatas ante los posibles reveses que uno se
encuentra. Nada representa mejor esa consigna que James Baker que señala el
recuento como “una lucha callejera”.
El asunto terminó en el mismísimo
Tribunal Supremo, que optó por una solución pragmática para resolver un
conflicto jurídico que podía poner en peligro la gobernabilidad de la misma
nación: por una exigua mayoría de 5 a 4, el Supremo determina que ya que no se
ha podido cumplir con el plazo del recuento, no hay tiempo de resolver la
presunta infracción de la “cláusula de
protección igualitaria” invocada por el equipo de abogados demócrata, por
la falta de contabilización de todos los votos que colocaba en situación de
desigualdad a unos votantes frente a otros, decisión que tenía la polémica
añadida de ser limitada a ese caso concreto y que no creaba precedente
jurisprudencial. La forma en que se resuelve el conflicto legal en “Recuento”
es equiparable a la resolución de un asesinato en una película de suspense, con
un clímax magnífico en la que la sentencia de un órgano judicial cambia para
siempre el destino de un país.
“Recuento” es, por tanto, un cine de
muy alta calidad que en gran medida sigue el sendero del “thriller político” de
aire intelectual sin perder el entretenimiento, subgénero iniciado con “Todos
los hombres de Presidente” (1976) de Alan J Pakula y que tiene una conclusión
clara: el máximo órgano judicial de Norteamérica prefirió asegurar la
estabilidad constitucional e institucional antes que someter a la nación a una
incertidumbre que parecía no tener fin; aunque como dice James Baker, no hubo ni un solo momento del inacabado recuento en el que los republicanos no estuviesen por delante, aun de forma mínima. George W. Bush terminó siendo, pues, uno de los presidentes americanos más controvertidos de la historia
Pregunta:¿Los
sistemas electorales y de votación, deben revisarse cada cierto tiempo?.


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