domingo, 26 de octubre de 2014

RECUENTO: LAS ELECCIONES QUE CAMBIARON EL RUMBO DE LA HISTORIA

Ejemplo palmario de cómo la televisión va adquiriendo un prestigio artístico antes no conocido son los telefilmes de calidad que la prestigiosa cadena HBO produce. En esta ocasión dispuso de un elenco de auténtico lujo en el reparto para realizar una obra de ficción sobre uno de los procesos electorales más reñidos de la historia: las elecciones presidenciales en Estados Unidos del año 2000, que enfrentaron a George W. Bush contra Al Gore. La película resulta altamente interesante ya que otorga de fuerza dramática a uno de los argumentos más anti comerciales que uno pueda imaginarse: un recuento de votos.
Sinopsis: Son las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos del año 2000, y en la oficina de campaña del candidato demócrata Al Gore, cunde el desánimo: todo parece indicar que por muy poca diferencia, el republicano George W Bush va a ganar los comicios. Todo depende del resultado de Florida, pero las previsiones no son muy halagüeñas.

Cuando el propio Al Gore está dispuesto a reconocer su derrota, el equipo del candidato recibe una noticia que lo cambia todo: de los últimos recuentos en dicho Estado se deduce que la diferencia de votos es tan escasa que de conformidad con las leyes electorales de Florida es procedente un recuento. Al frente del equipo de Gore se encuentra Ron Klain (Kevin Spacey) antiguo jefe de personal del ex vicepresidente que encuentra en esta lucha una oportunidad para el renacimiento personal y profesional.
Por su parte los republicanos ponen al frente de sus huestes a un viejo zorro de la política, James Baker (Tom Wilkinson) que está dispuesto a exprimir todos los cauces legales para refrendar el triunfo del candidato Bush, en especial en lo referente a acortar los plazos de un recuento manual de las papeletas, ya que si muchos votos dejan de contabilizarse el candidato republicano goza de todos los elementos para obtener la victoria, puesto que todos los resultados provisionales le dan como vencedor.
Cualquier análisis de “Recuento” debe de partir de una premisa clara: la cinta está realizada desde una innegable simpatía hacia la causa demócrata y, por lo tanto, debe de situarse en el contexto de cine político más bien partidista; aunque no haya propiamente “buenos” y “malos”, la película juega con la idea que no fue posible el recuento total de los votos en Florida y que, por lo tanto, nadie supo realmente quien ganó las elecciones a la Presidencia de EE UU en el 2000.  Teniendo en cuenta que el mandato de George W Bush (2000-2008) estuvo lleno de polémica y sazonado de acontecimientos tan destacados como los atentados terroristas del 11-S o la segunda Guerra de Irak, es evidente que los destinos del mundo podían haber sido muy distintos en el caso que Al Gore hubiese ocupado el sillón presidencial.
Pero lo que nadie le puede negar a “Recuento” es el hecho de ser capaz de tratar como si de un “thriller” policial se tratara una temática tan árida y especializada como el derecho electoral, en especial, el siempre farragoso asunto de los recursos y la judicialización del proceso. Resulta sencillamente admirable como son retratados los procesos sociológicos, humanos y legales de una situación de tensión política de la que depende el futuro de la nación más poderosa del mundo. Parece realmente increíble que la determinación de quien va ser el hombre con más responsabilidad de la tierra dependa de variables tales como el tipo de papeleta a utilizar, y la fiabilidad de las máquinas que hacen el recuento.
En muchos condados de Florida, en el año 2000 las papeletas electorales consistían en unas hojas con hoyuelos a los que había que perforar. El diseño de las mismas era muy criticable; por la posición de los hoyuelos era fácil caer en error sobre a qué candidato se estaba votando y, además, en muchos distritos electorales la gente mayor tenía dificultades para perforar completamente la papeleta. En un primer escrutinio Bush ganaba por menos del 0,5 % de los votos, lo que, conforme al derecho electoral de Florida, facultaba al candidato perdedor a pedir un recuento. Sin embargo, estaba comprobado que las máquinas de algunos condados no contabilizaban de forma plena las papeletas mal perforadas, de tal manera que los demócratas solicitan un recuento manual, basándose en jurisprudencia consolidada que defiende la primacía esencial del derecho del votante a participar en el proceso democrático es más importante que la capacidad del mismo de seguir las instrucciones y que la enmienda constitucional denominada  “cláusula de protección igualitaria” exige tratar todos los votos por igual .El problema se planteaba en la medida en que un recuento manual pude perpetuarse en el tiempo,  con lo que la estrategia republicana consiste en apelar a señalar un plazo máximo para el mismo y que se certifiquen como definitivos los resultados que dan a Bush como ganador en Florida. El Tribunal Supremo de Florida permitió el recuento, pero fijó un plazo inferior a una semana para realizarlo, un periodo insuficiente para hacerlo efectivo. Los demócratas, por lo tanto, invocaran que el recuento tenga el tiempo suficiente para ver todas y cada una de las papeletas.
 En función de esa circunstancia se produce una auténtica lucha política que pone en jaque todo un sistema constitucional fraguado desde la Declaración de Independencia de 1776. ¿Debe judicializarse la batalla electoral?. ¿Es fiable el modelo de votación?, ¿La imagen y estabilidad del país pueden permitirse una inagotable lucha en los juzgados estatales y federales para ver quien ha sido el auténtico ganador?¿Es posible adivinar y consignar la intención de los votantes?.....todas esas cuestiones son planteadas en una película que se fundamenta en largos parlamentos de los equipos de trabajo de uno y otro candidato, que aborda temas frecuentes como el liderazgo, la lealtad e incluso la redención personal y que , en fondo, muestra la política como una carrera de fondo en el que lo más importante es mantenerse en la lucha y buscar opciones inmediatas ante los posibles reveses que uno se encuentra. Nada representa mejor esa consigna que James Baker que señala el recuento como “una lucha callejera”.

El asunto terminó en el mismísimo Tribunal Supremo, que optó por una solución pragmática para resolver un conflicto jurídico que podía poner en peligro la gobernabilidad de la misma nación: por una exigua mayoría de 5 a 4, el Supremo determina que ya que no se ha podido cumplir con el plazo del recuento, no hay tiempo de resolver la presunta infracción de la “cláusula de protección igualitaria” invocada por el equipo de abogados demócrata, por la falta de contabilización de todos los votos que colocaba en situación de desigualdad a unos votantes frente a otros, decisión que tenía la polémica añadida de ser limitada a ese caso concreto y que no creaba precedente jurisprudencial. La forma en que se resuelve el conflicto legal en “Recuento” es equiparable a la resolución de un asesinato en una película de suspense, con un clímax magnífico en la que la sentencia de un órgano judicial cambia para siempre el destino de un país. 
“Recuento” es, por tanto, un cine de muy alta calidad que en gran medida sigue el sendero del “thriller político” de aire intelectual sin perder el entretenimiento, subgénero iniciado con “Todos los hombres de Presidente” (1976) de Alan J Pakula y que tiene una conclusión clara: el máximo órgano judicial de Norteamérica prefirió asegurar la estabilidad constitucional e institucional antes que someter a la nación a una incertidumbre que parecía no tener fin; aunque como dice James Baker, no hubo ni un solo momento del inacabado recuento en el que los republicanos no estuviesen por delante, aun de forma mínima. George W. Bush terminó siendo, pues, uno de los presidentes americanos más controvertidos de la historia
Pregunta:¿Los sistemas electorales y de votación, deben revisarse cada cierto tiempo?.


lunes, 6 de octubre de 2014

LA ISLA MÍNIMA: ESPAÑA PROFUNDA CON LA LEY EN JUEGO


Entre las sorpresas más considerables del reciente cine español, se encuentra esta realización de Alberto Rodríguez, una de las películas más favorablemente valoradas en el  último Festival de Cine de San Sebastián y convertida en un notable éxito de crítica y público
Sinopsis: En la Andalucía de 1980, cuando España se encuentra en pleno proceso de transición hacia de democracia, dos policías Juan (Javier Gutiérrez) y Pedro (Raúl Arévalo), investigan la desaparición de dos hermanas. A medida que avanzan en su pesquisas van llegando a la conclusión que se trata de un asesino en serie cuyas víctimas suelen regirse por el mismo patrón: jóvenes que deseaban abandonar un pueblo atrasado y sin perspectivas de futuro. La investigación sacará a relucir los distintos caracteres de ambos policías, obligados a trabajar juntos, pero con personalidades muy divergentes e ideas políticas enfrentadas.
Sin lugar a dudas lo más destacado y sorprendente de “La Isla Mínima” es su conseguida atmósfera, convertida en casi un personaje más de la película. El agobiante y casi amenazador entorno de la España más profunda y oscura de comienzos de los 80 (quizá algo exagerada en cuanto a su falta de desarrollo) se manifiesta como un elemento esencial dentro de la narración ya que es evidente que el hábitat donde se han cometido los crímenes terminará influyendo en los protagonistas.
Los policías implicados en la invstigación acusan una cierta tirantez inicial que va cediendo a medida que avanza la colaboración entre ambos. Pedro es joven y manifiesta inquietudes democráticas propias de los nuevos tiempos, se nos informa que se encuentra “castigado” por haber escrito un artículo en contra de un General al que ha acusado de “facha”, de tal forma que la película insinúa que en las Fuerzas de Seguridad de aquellos tiempos, seguía mandando la vieja guardia del régimen, incpaz de asumir los nuevos tiempos. Curiosamente, su compañero esconde tras de sí un oscuro pasado como represor de la famosa brigada político-social del régimen de Franco y sobre él se ciñe la duda de haber asesinado a una manifestante universitaria y el ser un terrible represor, de esos que el nuevo sistema rechazaba, pero a los que tenía que acudir por su experiencia y conocimiento del medio delictivo. Lo destacado de esta complicada pareja es que ambos terminan comprendiéndose mutuamente….y enriqueciéndose respecto de sus distintas metodologías de trabajo.
En “La isla Mínima” se pueden percibir elementos esenciales de la criminalidad de contenido sexual: la existencia de criminales en serie, el secuestro de jóvenes, la tortura, la violación, la prostitución…….son temáticas abordadas por no pocos “thrillers”, aunque no muy comunes en la filmografía de género española. Como los dos policías son de escuelas muy distintas, se plantea el viejo dilema de las fuerzas de seguridad: determinar si cualquier método es lícito con tal de descubrir a los autores de tan deleznables crímenes. No es casualidad que la película se sitúa en un año puente entre el fin del régimen franquista y la llegada de la democracia. Los viejos métodos expeditivos de la policía de la dictadura no tienen cabida en un marco constitucional y democrático y, por ende, garantista como era el que se intentaba implantar en la España de esos años. Pero la pareja de policías tiene que luchar contra el silencio de un pueblo que vive atemorizado y en el que pocas personas están dispuestas a hablar,  en muchas ocasiones no hay otra forma de sonsacar la información que acudiendo a la amenaza o el golpeo. La propia relación con el Juez de la zona es conflictiva: en un momento dado les recrimina haber detenido a un sospechoso sin su consentimiento y les advierte que las cosas ya han cambiado, pero momentos mas tarde, Pedro, le acusa de proteger al cacique de la zona, el hombre más poderoso que puede estar implicado en un turbio asunto de explotación sexual.
“La Isa Mínima” es, desde luego, una cinta de intriga muy lograda y notablemente interpretada por actores muy alejados de sus roles habituales, en especial en el ámbito televisivo. Posiblemente plantee una radiografía de un país que trataba de salir de un largo periodo de régimen autoritario, pero del que resultaba difícil desprenderse completamente, en especial por mantener en su estructura social, unos hábitos de los que difícilmente se podían dejar atrás, y sobre todo en lo referente a la falta de desarrollo económico y las perspectivas de futuro, de ausencia de cultura y atraso en las zonas más profundas del campo español. Y supone una radiografía poca benevolente de la condición humana, capaz de los crímenes más atroces que uno pueda imaginarse y contra los que el uso de la coacción casi parece justificado.

Pregunta: ¿Las fuerzas de seguridad deben de reclutar a la gente más válida, con independencia de sus perfiles psicológicos y morales?