Tras el éxito de “Lobo” y con el
impulso del medio de comunicación que sacó a la luz uno de los más importantes
escándalos de la España contemporánea,
esta cinta no consiguió alcanzar el éxito de crítica y público de su
predecesora a pesar de repetir gran parte de su equipo, como el director Miguel
Curtois o el guionista Antonio Onetti. De hecho, apenas llegó a dos millones de
recaudación sobre los más de cinco de presupuesto que tenía. Contó con el
asesoramiento de Melchor Miralles, el periodista que destapó gran parte de los
hechos de la película en la que se analiza la creación de un grupo
antiterrorista que realiza actividades ilegales contra los terroristas etarras
e impulsado por el propio Gobierno Socialista que en 1983 acababa de ganar las
elecciones
Sinopsis: Dos periodistas de
investigación de Diario 16 Manuel Mallo (José García) y María Castillo (Natalia
Verbeke) investigan la presunta guerra sucia contra ETA. Sus pesquisas les
llevan al subcomisario de policía Paco Ariza (Jordi Millá) que termina siendo
detenido por los presuntos delitos cometidos por los llamados grupos
antiterroristas de liberación. El Gobierno español niega toda conexión con los
hechos, pero a la sede del periódico que ha puesto en la calle el asunto,
Diario 16, empieza a llegar presiones políticas para no seguir con la
investigación, hasta el punto de terminar provocando el cese del director del
periódico.
Aun cuando se trató de una película
bastante fallida y que quedó lejos de sus intenciones, “GAL” es un testimonio
fílmico de quizá el gran escándalo periodístico de la España contemporánea: la
creación de un grupo que utilizara la violencia frente al terrorismo etarra en
los días más sangrientos de la actividad de la banda. De hecho, fue el desgaste
producido por este asunto, unido a otras casos de corrupción lo que en gran
medida provocó la caída del Gobierno de Felipe González en las elecciones de
1996, después de más de trece años en el poder. En ella podemos comprobar cómo
la actividad ilícita del ejecutivo es controlada por un poder “oficial” (la
Justicia) y otro “extraoficial” aunque no menos poderoso e influyente (la
prensa), cuya acción resulta determinante en esclarecer los oscuros hechos.
Un gobierno electo decide que los
medios propios del Estado de Derecho no son los adecuados ni los más eficaces
para luchar contra el terrorismo, de tal forma que decide usar la violencia no
institucionalizada y acudir al asesinato y el secuestro como vía de implicar a
las autoridades francesas en la lucha contra la banda terrorista; ya que en esos años gran parte de la cúpula terrorista etarra encontraba cobijo en tierras francesas. Esa acción
del poder Ejecutivo encuentra oposición en otro poder del Estado (el judicial)
que abre un proceso judicial por la vulneración de la ley; y en otro poder esta
vez perteneciente a la llamada “sociedad civil”, la prensa, que actúa como
contrapeso esencial dada la tendencia de cualquier gobierno a extender sus
tentáculos a todos los ámbitos posibles. Por lo tanto, en "Gal" podemos analizar las relaciones entre algunos de los focos de ejercicio del poder más importante en la sociedad, y nos pone en conexión con un elemento esencial de la democracia : el equilibrio en el ejercicio del mismo.
Desde la Ilustración la separación de poderes ha sido un dogma de cualquier sociedad considerada como democrática, un elemento esencial del sistema para su supervivencia. El Ejecutivo ostenta el monopolio del uso de la violencia institucionalizada pero en los sucesos de “GAL” decide hacer uso de ella fuera de los cauces legales, atendiendo a “razones de Estado”, un concepto político que defiende la tesis que el ataque a las entrañas del Estado que supone el terrorismo, legitima de algún modo el uso de métodos expeditivos. ¿Porqué toma esa decisión?. Posiblemente al comprobar que los cauces normales del Estado de Derecho no son suficientes para detener la sangría terrorista.
Desde la Ilustración la separación de poderes ha sido un dogma de cualquier sociedad considerada como democrática, un elemento esencial del sistema para su supervivencia. El Ejecutivo ostenta el monopolio del uso de la violencia institucionalizada pero en los sucesos de “GAL” decide hacer uso de ella fuera de los cauces legales, atendiendo a “razones de Estado”, un concepto político que defiende la tesis que el ataque a las entrañas del Estado que supone el terrorismo, legitima de algún modo el uso de métodos expeditivos. ¿Porqué toma esa decisión?. Posiblemente al comprobar que los cauces normales del Estado de Derecho no son suficientes para detener la sangría terrorista.
El papel de la prensa es el de actuar
como voz independiente y fiscalizadora de la labor gubernamental. El periodismo
ya había vivido su momento de esplendor en Estados Unidos en el llamado “caso
Watergate”, en el que la labor indagadora de dos periodistas provocaron la dimisión
del presidente Nixon. Al ser una producción impulsada por el grupo de
comunicación que tomó el asunto como núcleo esencial de su crecimiento como
medio (el diario “El Mundo”) la imagen de los periodistas sale, lógicamente,
enaltecida. La cinta refleja la situación real vivida por el director del
rotativo que destapó el suceso (el ya desaparecido “Diario 16”), Pedro J
Ramírez que fue destituido de su cargo por presiones sobre el grupo editorial.
Años más tarde Ramírez fundaría un nuevo periódico desde el cual pudo concluir
la labor iniciada años atrás. Sin embargo, no faltaron voces que señalaron que lo
que se buscaba entonces no era tanto la averiguación de la verdad, sino la
caída política del Presidente Felipe González y que, en el fondo, gran parte de
la ciudadanía respaldaba las acciones violentas realizadas contra la sangrienta
banda terrorista. Pero la aparición en prensa de forma continuada de las noticias relacionadas con las acciones del grupo antiterrorista suponía una desgaste político considerable para un Gobierno que además afrontaba una fuerte crisis económica y la sombra de varios escándalos de corrupción.
En la película aparece además, un alter-ego del famoso Juez Garzón, un Magistrado polémico, que durante no pocos años acaparó las portadas de los periódicos al protagonizar los sumarios judiciales de causas muy mediáticas y sobre las que adoptó decisiones muy polémicas. De hecho la instrucción del sumario de los GAL fue la que le dio el definitivo salto a la fama. En esta ocasión es un miembro de la judicatura el que pone en peligro el destino de los miembros del gobierno de turno.
Así pues, y aunque la calidad de la
cinta no alcanzase las cotas quizá en principio esperadas se trata de un
retrato interesante que mezcla realidad y ficción y hace reflexionar sobre el
papel de Estado en la lucha contra el terrorismo y el poder de los medios de
comunicación en la sociedad moderna,.
Preguntas:
¿Puede
existir algún límite a la legalidad vigente o no?¿Ninguna circunstancia, por
grave que resulte legitima a las autoridades públicas a saltarse los cauces
legalmente previstos?.¿Un grupo terrorista, está en guerra contra un Estado, y
contra él se pueden adoptar medidas extraordinarias?


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