miércoles, 11 de junio de 2014

GAL: EL ESTADO Y SUS MÉTODOS

Tras el éxito de “Lobo” y con el impulso del medio de comunicación que sacó a la luz uno de los más importantes escándalos de la  España contemporánea, esta cinta no consiguió alcanzar el éxito de crítica y público de su predecesora a pesar de repetir gran parte de su equipo, como el director Miguel Curtois o el guionista Antonio Onetti. De hecho, apenas llegó a dos millones de recaudación sobre los más de cinco de presupuesto que tenía. Contó con el asesoramiento de Melchor Miralles, el periodista que destapó gran parte de los hechos de la película en la que se analiza la creación de un grupo antiterrorista que realiza actividades ilegales contra los terroristas etarras e impulsado por el propio Gobierno Socialista que en 1983 acababa de ganar las elecciones
Sinopsis: Dos periodistas de investigación de Diario 16 Manuel Mallo (José García) y María Castillo (Natalia Verbeke) investigan la presunta guerra sucia contra ETA. Sus pesquisas les llevan al subcomisario de policía Paco Ariza (Jordi Millá) que termina siendo detenido por los presuntos delitos cometidos por los llamados grupos antiterroristas de liberación. El Gobierno español niega toda conexión con los hechos, pero a la sede del periódico que ha puesto en la calle el asunto, Diario 16, empieza a llegar presiones políticas para no seguir con la investigación, hasta el punto de terminar provocando el cese del director del periódico.
Aun cuando se trató de una película bastante fallida y que quedó lejos de sus intenciones, “GAL” es un testimonio fílmico de quizá el gran escándalo periodístico de la España contemporánea: la creación de un grupo que utilizara la violencia frente al terrorismo etarra en los días más sangrientos de la actividad de la banda. De hecho, fue el desgaste producido por este asunto, unido a otras casos de corrupción lo que en gran medida provocó la caída del Gobierno de Felipe González en las elecciones de 1996, después de más de trece años en el poder. En ella podemos comprobar cómo la actividad ilícita del ejecutivo es controlada por un poder “oficial” (la Justicia) y otro “extraoficial” aunque no menos poderoso e influyente (la prensa), cuya acción resulta determinante en esclarecer los oscuros hechos.

Un gobierno electo decide que los medios propios del Estado de Derecho no son los adecuados ni los más eficaces para luchar contra el terrorismo, de tal forma que decide usar la violencia no institucionalizada y acudir al asesinato y el secuestro como vía de implicar a las autoridades francesas en la lucha contra la banda terrorista; ya que en esos años gran parte de la cúpula terrorista etarra encontraba cobijo en tierras francesas. Esa acción del poder Ejecutivo encuentra oposición en otro poder del Estado (el judicial) que abre un proceso judicial por la vulneración de la ley; y en otro poder esta vez perteneciente a la llamada “sociedad civil”, la prensa, que actúa como contrapeso esencial dada la tendencia de cualquier gobierno a extender sus tentáculos a todos los ámbitos posibles. Por lo tanto, en "Gal" podemos analizar las relaciones entre algunos de los focos de ejercicio del poder más importante en la sociedad, y nos pone en conexión con un elemento esencial de la democracia : el equilibrio en el ejercicio del mismo.
 Desde la Ilustración la separación de poderes ha sido un dogma de cualquier sociedad considerada como democrática, un elemento esencial del sistema para su supervivencia. El Ejecutivo ostenta el monopolio del uso de la violencia institucionalizada pero en los sucesos de “GAL” decide hacer uso de ella fuera de los cauces legales, atendiendo a “razones de Estado”, un concepto político que defiende la tesis que el ataque a las entrañas del Estado que supone el terrorismo, legitima de algún modo el uso de métodos expeditivos. ¿Porqué toma esa decisión?. Posiblemente al comprobar que los cauces normales del Estado de Derecho no son suficientes para detener la sangría terrorista.

El papel de la prensa es el de actuar como voz independiente y fiscalizadora de la labor gubernamental. El periodismo ya había vivido su momento de esplendor en Estados Unidos en el llamado “caso Watergate”, en el que la labor indagadora de dos periodistas provocaron la dimisión del presidente Nixon. Al ser una producción impulsada por el grupo de comunicación que tomó el asunto como núcleo esencial de su crecimiento como medio (el diario “El Mundo”) la imagen de los periodistas sale, lógicamente, enaltecida. La cinta refleja la situación real vivida por el director del rotativo que destapó el suceso (el ya desaparecido “Diario 16”), Pedro J Ramírez que fue destituido de su cargo por presiones sobre el grupo editorial. Años más tarde Ramírez fundaría un nuevo periódico desde el cual pudo concluir la labor iniciada años atrás. Sin embargo, no faltaron voces que señalaron que lo que se buscaba entonces no era tanto la averiguación de la verdad, sino la caída política del Presidente Felipe González y que, en el fondo, gran parte de la ciudadanía respaldaba las acciones violentas realizadas contra la sangrienta banda terrorista. Pero la aparición en prensa de forma continuada de las noticias relacionadas con las acciones del grupo antiterrorista suponía una desgaste político considerable para un Gobierno que además afrontaba una fuerte crisis económica y la sombra de varios escándalos de corrupción.
En la película aparece además, un alter-ego del famoso Juez Garzón, un Magistrado polémico, que durante no pocos años acaparó las portadas de los periódicos al protagonizar los sumarios judiciales de causas muy mediáticas y sobre las que adoptó decisiones muy polémicas. De hecho la instrucción del sumario de los GAL fue la que le dio el definitivo salto a la fama. En esta ocasión es un miembro de la judicatura el que pone en peligro el destino de los miembros del gobierno de turno.
Así pues, y aunque la calidad de la cinta no alcanzase las cotas quizá en principio esperadas se trata de un retrato interesante que mezcla realidad y ficción y hace reflexionar sobre el papel de Estado en la lucha contra el terrorismo y el poder de los medios de comunicación en la sociedad moderna,.

Preguntas:

¿Puede existir algún límite a la legalidad vigente o no?¿Ninguna circunstancia, por grave que resulte legitima a las autoridades públicas a saltarse los cauces legalmente previstos?.¿Un grupo terrorista, está en guerra contra un Estado, y contra él se pueden adoptar medidas extraordinarias?

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