miércoles, 6 de agosto de 2014

LA OTRA CARA DEL CRIMEN: LA CORRUPCIÓN EN LAS ENTRAÑAS DE LA SOCIEDAD


Pocos cineastas contemporáneos, causan tanta discrepancia de criterios en cuanto a la valoración de su filmografía como el norteamericano James Gray, caracterizado por dotar a su obra de unos personajes más elaborados, desde el punto de vista psicológico, que lo que suele ser habitual en el cine actual, con gusto por presentar complejas personalidades que rayan la personalidad neurótica, agrandada por los notorios conflictos personales que sus tramas suelen incluir. “The Yards” fue su segunda realización y en ella iniciaba su extensa colaboración con el actor Joaquin Phoenix, convertido en el rostro emblemático de sus atormentados personajes.

Sinopsis: Tras salir de la cárcel, Leo (Mark Wahlberg), quiere enderezar su vida, para lo que acude a su viejo amigo Willie (Joaquin Phoenix) que en la actualidad trabaja para Frank (James Caan) hombre de negocios, casado con la tía de Leo y que controla la adjudicación de los contratos del trasporte público de Nueva York, mediante el soborno de los políticos encargados de las mismas. Willie, es el hombre que Frank utiliza para el trabajo sucio de pagar a los Concejales y sabotear las instalaciones y maquinaria de las compañías rivales.

Aunque, en un principio, a Leo le ofrecen apuntarse a unos cursos para trabajar como operario, la necesidad de dinero a corto plazo le inclina a seguir los pasos de Willie, que además es el novio de un antiguo amor de juventud de Leo (Charlize Theron). Pero todo se complica cuando en un intento de sabotaje de los vagones de una empresa oponente, Willie asesina al vigilante de seguridad y Leo, se ve obligado a golpear a un policía que le atacaba con saña. El asesinato le es imputado a Leo reconocido por el policía agredido, y  huye sin tener claro en quien puede confiar. Al mismo tiempo, Frank se ve en complicaciones por que la muerte del guardia de seguridad, amenaza con destapar la red de corrupción que ha ido tejiendo durante años, ya que el Concejal que tiene en cartera, teme que la investigación de los hechos descubra la verdadera historia de la gestión del transporte público de la gran ciudad.
Planteada como un denso análisis de personajes y algo lastrada por el aire trascendente que el realizador siempre quiere impregnar a sus cintas, “La otra cara del crimen” incide en uno de los grandes fenómenos de la política contemporánea: la corrupción municipal. Los Ayuntamientos, en la mayoría de las Administraciones Públicas occidentales son los encargados de los servicios más cercanos a los ciudadanos: transporte, recogida de basuras, policía de barrio, bibliotecas públicas, urbanismo….. Como en la mayoría de los países la externalización de los servicios mediante la contratación de empresas ajenas a la Administración, se ha extendido como garantía de unas mejores prestaciones, es evidente que en manos de las autoridades municipales se encuentra el futuro de muchas empresas. Ello ha provocado que numerosos casos de corrupción modernos tengan su origen en el pago de comisiones a las autoridades locales, para la selección de compañías que se ven obligadas a pagar ese peaje si quieren ganar el contrato y seguir subsistiendo en el competitivo mercado. Los mecanismos de burla de la legislación vigente son cada día más sofisticados y suelen incluir concursos públicos con condiciones hechas a imagen y semejanza de la empresa a la que se quiere favorecer, hasta dejar el contrato desierto para luego proceder a la adjudicación directa en favor de alguna entidad, o sacar sólo ciertas partes del contrato, para evitar las formalidades y controles al no superar las cuantías que exigen las mismas.

En “La otra cara del crimen” la corrupción está insertada en las entrañas del sistema: todas las compañías que compiten saben que deben de seguir las reglas juego “extraoficiales” para obtener lo que quieren. La misma, por otra parte, es fomentada desde arriba. El Concejal exige al poderoso hombre de negocios encarnado por James Caan el pago en dinero negro por sus favores. Pero cuando la cosa empieza a complicarse con la muerte del guardia de seguridad, pretende dejar tirado a su benefactor y desentenderse del tema. Frank le amenaza con sacar a la luz todas las transferencias hechas a su favor, con las que , según el, ha podido comprarse su lujosa casa y ante esa amenaza el corrupto político intenta llegar a una solución pactada para todos los implicados. Convence al jefe de la Policía Local para que influya sobre el agente agredido y cambie su testimonio a cambio de una gratificación y pacta continuar con la adjudicación fraudulenta, a cambio de otorgar a otra compañía aspirante el 20 % del precio de los contratos, si no destapa la verdad. En definitiva un sistema de corrupción institucionalizado, aceptado por todos los actores de la función y que pone en evidencia el quebrantamiento de las leyes garantes de la igualdad de todos los ciudadanos ante la Administración.

Todo este sistema salta por los aires cuando, en función de circunstancias personales, el personaje de Leo saca a la luz todos los trapos sucios en el final de la película. Es un ejemplo claro de final moralizante típico del cine americano; pero no es menos cierto que algunos de los casos más famosos de fraudes de ese estilo han salido a la luz por la confesión de alguno de los implicados en el mismo, aunque por motivos menos altruistas: generalmente alguien al que se la dejado fuera del reparto de beneficios o que ha sido descubierto y no quiere que todas las culpas recaigan el él. Parce difícil, dadas las ingentes cantidades de dinero que la contratación pública maneja, que la sombra de la corrupción desaparezca algún día, a lo que hay que añadir el escaso salario que proporcionalmente reciben los políticos en comparación con los altos ejecutivos que ocupan cargos similares en responsabilidad en la empresa privada. En mayor o menor medida, estos dos factores suponen el caldo de cultivo de una de las lacras que más está dañando a las democracias modernas y que no es ajena a casi ninguna de ellas.

Pregunta:
¿Hay forma posible de erradicar totalmente la corrupción, o al menos dejarla en niveles mínimos?. ¿Qué factores la favorecen más? ¿En qué Administraciones y porqué hay mas corrupción?.

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