Uno de los títulos más destacados de 1982, un año
notable de producciones cinematográficas (“Tootsie”, “Victor o Victoria”,
“La decisión de Sophie”, “Ghandi”) que, como tantos otros proyectos,
conoció de repartos alternativos. Robert Redford estuvo a punto de ser el
protagonista, pero no llegó a un acuerdo con los productores sobre el
desarrollo de la historia y el enfoque del personaje y, finalmente, esa
condición recayó en Paul Newman. También Burt Lancaster y Jill Clayburgh
sonaron para participar en el filme que contaba con un guion del prestigioso
dramaturgo David Mamet, que adaptaba una novela del autor Barry Reed, y con la
dirección del siempre interesante Sidney Lumet, uno de los realizadores
americanos más prolíficos de las últimas décadas y que se mantuvo al pie del
cañón hasta su muerte en 2011.
La elección
de una gran estrella como Newman para un rol que concentra todos los elementos
de un perdedor que busca a toda costa su redención, otorgaba a la película el
atractivo de verificar las cualidades como intérprete de un rostro
tremendamente popular entre el público y, por ende, acostumbrado a caracterizar
en la pantalla a héroes más optimistas y seguros de sí mismos. Pero no hay que
olvidar que uno de los grandes hitos de la carrera de actor había sido “El
Buscavidas”(1961), una de las obras más pesimistas de la historia del cine
americano. El tono que Lumet y Mamet impregnaron a la película fue solemne y
sombrío, hasta con notables dosis de angustia, lo que hizo de “Veredicto Final”
una cinta que trascendía de mera historia de abogados y juicios, con una
atmósfera muy peculiar y unos personajes con innegable fuerza.
Sinopsis: Frank Galvin (Paul Newman) es un abogado
alcohólico que ha caído en una espiral negativa en su vida profesional y
personal que parece no tener fin. Apenas cuenta con clientela y los pocos casos
que ha tenido en los últimos años, los ha perdido todos. Su degradación llega
al punto de buscar en los entierros posibles clientes. Su viejo amigo y mentor
Mickey Morriseu (Jack Warden) le consigue un caso en apariencia sencillo, para
paliar su situación.
El asunto trata de una mujer en estado coma
vegetativo por las complicaciones sufridas en el parto de su hijo. El mismo se
produjo en el Hospital Santa Catalina dependiente de la Iglesia Católica y los
médicos que la atendieron gozan de un considerable prestigio. La Iglesia y los
familiares de la víctima quieren llegar a un acuerdo económico y archivar la
causa. Además, los cirujanos cuentan como abogado defensor con el prestigioso
letrado Edmond Concannon (James Mason), que dispone de una corte de ayudantes de su influyente
bufete.
Pero cuando Galvin visita a su “cliente” en el
hospital y contempla el estado en que ha quedado queda impresionado de la
tragedia que esa mujer ha sufrido y al entrevistarse con otro médico, el mismo
le confirma que todo se ha debido a una negligencia que ha convertido a esa desdichada en un
“vegetal”. Entonces Galvin se cree capaz de ganar el caso, y rechaza una jugosa
oferta económica lo cual le cuesta la hostilidad del Magistrado y de los
familiares de la mujer en coma. Paralelamente, empieza una relación con una
enigmática mujer (Charlotte Rampling) que en el fondo, se trata de una espía
que el bufete de Concannon ha infiltrado en su vida, para obtener información
privilegiada de la labor del letrado.
Las cosas se complican definitivamente cuando el
testigo de cargo de Galvin desparece y el Juez rechaza un aplazamiento. Con
pruebas poco sólidas y pleiteando contra el arsenal de una institución como la Iglesia Católica y el
poderoso oponente que significa Concannon, Galvin tendrá que luchar contra
todos los elementos para lograr la justicia que en teoría, debe aplicarse en
una corte.
En la heroica lucha de Frank Galvin contra la
corrupción del sistema, subyace el viejo tema de David contra Goliat. El
abogado no cuenta con más que un ayudante y su incansable trabajo para lograr
aclarar la verdad de los hechos, mientras que sus rivales pueden disponer de
todos los medios a su alcance, incluso con una espía de su débil enemigo. En
realidad sólo Galvin busca la auténtica justicia: la Iglesia, los familiares de
la mujer en coma y hasta el propio Juez quieren una solución pactada. Es fácil
deducir la crítica de la película hacia esa forma de concluir las causas
judiciales tan propio del sistema legal estadounidense, el evitar el costo de
un juicio a cambio de una contraprestación económica que satisfaga a todos,
algo que indudablemente favorece a los poderosos que pueden disponer de
liquidez suficiente hasta para evitar sus responsabilidades penales. Cuando el
arzobispo ofrece 210.000 dólares para concluir todo, Galvin se pregunta “¿Y
nadie sabrá la verdad?”, aceptar ese cheque supone echar tierra de por medio de
un caso en el que ha habido una grave negligencia médica. Los prestigiosos
médicos seguirán en su profesión como si nada hubiese pasado y quizá siga
habiendo más víctimas de sus irregularidades en el futuro, algo a lo que el
héroe de la cinta se resiste.
Resulta asimismo, muy interesante el desarrollo del
proceso, en que quedan reflejados varios de las características esenciales de
los procedimientos judiciales como, por ejemplo, la fiabilidad de los testigos.
El presentado por la acusación que
defiende la irregularidad de la anestesia practicada a la paciente y que
desembocó en el fatal desenlace, es puesto en entredicho por su dudoso
historial de actuar como perito en juicios de este tipo, y por haber hecho de
sus declaraciones una fuente de ingresos. Además, es de color y un desconocido
en la profesión, frente al presunto historial de los acusados, que son
considerados primeras autoridades en esa materia. También Galvin tiene que
luchar contra la evidente parcialidad del Juez (Milo O´Shea); se trata de un
juicio con jurado, pero el Magistrado intenta manipular las declaraciones de
los testigos para que las tesis de la defensa se vean reafirmadas, lo que
provoca la airada reacción del abogado que le amenaza con recusarle, pedir
juicio nulo y denunciar su posicionamiento.
Precisamente esa forma de resolver los litigios
mediante la participación popular es el elemento clave en la resolución del
asunto. Cuando todo parece perdido, Galvin consigue localizar a la enfermera
que atendió a la parturienta en aquel fatídico día y la convence para que
declare. Cuando se anuncia su nombre como testigo, el anestesista acusado pone
cara de terror, y no es para menos. La enfermera declara que rellenó el
formulario de ingreso de la paciente en el que consignaba que la misma había
comido por última vez una hora antes de llegar al hospital. Ese dato fue
obviado por los acusados que la intervinieron, y al aplicarse la anestesia la
mujer se ahogó en su propio vómito. Cuando se dieron cuenta de su error los
médicos obligaron a cambiar a la enfermera el dato de la hora de comida, bajo
amenaza de despedirla si no lo hacía. Ante esa declaración tan explícita,
Concannon reacciona poniendo en duda su testimonio y haciendo una alegación
clásica en estos supuestos: qué veracidad puede tener alguien que en su día no
denunció los hechos y ahora aparece como sorprendente testigo de cargo. Pero la
enfermera guarda un as en la manga para verificar su declaración: guardó una
fotocopia del parte de ingreso con la hora de comida declarada por la víctima.
Entonces los asistentes del abogado defensor
localizan un precedente que implica la anulación de una fotocopia como prueba,
el Juez fiel a su línea lo acepta e insta a los miembros del jurado a obviar de
declaración de la testigo. Un Galvin resignado opta por un discurso final que
apele a la conciencia de los miembros del jurado en su trascendente decisión.
Unos instantes más tarde se conoce la decisión: los miembros del jurado
declaran culpable a los médicos y señalan que debe incrementarse la cuantía de
la indemnización a pagar por el hospital al haberse acreditado la negligencia.
¿El motivo de ese desenlace?. Sin lugar a dudas los miembros del jurado popular
no hicieron caso del Juez y aceptaron el testimonio de la enfermera. En
definitiva esa decisión muestra las claras diferencia entre los modelos
resoluciones judiciales, en función que sean juicios con jurado con juez. Un
profesional de la judicatura casi seguro que hubiese hecho caso al tecnicismo
que invalidaba la prueba esencial del proceso, pero la justicia popular que
emana de los ciudadanos de a pie se rige, sin duda, por otros parámetros.
Quizá estos aspectos de proceso insertado en la
narración siguen siendo alguno de los elementos más destacados que han
permitido que “Veredicto Final” haya sido considerada por el American Film
Institute como uno de los mejores cuatro dramas judiciales de la historia del
cine americano. En realidad, otros apartados del guion son, a fecha de hoy,
algo más discutibles, como las imploraciones a que los pobres necesitan de la
justicia para defenderse de los ricos, que suenan algo tópicas así como algunos
diálogos pueden pecar de cierta simpleza. Por otro lado, el personaje femenino
de Charlotte Rampling aparece un tanto forzado, y su desarrollo no parece muy
lógico: por un lado es un impulso del abogado en sus peores momentos, mientras
que por el otro filtra información a sus rivales, pero la presencia de la
enigmática protagonista de “Portero de Noche” siempre es un aliciente en
cualquier producción sin duda.
Quien sí salió reforzado por su actuación fue Paul
Newman, que logró uno de los mejores momentos de su carrera con el atormentado
Frank Galvin, con un trabajo que llega a transmitir la pesadumbre existencial
de quien sabe que se trata de la última oportunidad para rehabilitarse personal
y profesionalmente. Durante su larga y exitosa carrera el protagonista de “Dos
hombres y un destino” tuvo que enfrentarse en no pocas ocasiones a numerosos
críticos que cuestionaban sus auténticas capacidades como intérprete, pese a
sus números éxitos y con este trabajo sumó una candidatura al Oscar que no se
transformó en estatuilla pero si confirmó que a sus casi sesenta años seguía
siendo uno de los actores con más registros de Hollywood.
Pregunta:
¿El jurado debe de atender a
tecnicismos jurídicos o mantener su impresión sobre una causa y decidir en
consecuencia?
:



No hay comentarios:
Publicar un comentario