sábado, 3 de mayo de 2014

DOCE HOMBRES SIN PIEDAD: LA JUSTICIA DEL PUEBLO

Cuando el dramaturgo Reginal Rose fue seleccionado para ser parte de un jurado por un delito de homicidio tuvo comienzo uno de los dramas judiciales  más famosos de la historia. De esa experiencia el escritor sacó la idea de una situación límite: doce hombres enfrentados a la decisión de llevar a un joven de 19 años a la cámara de gas por el asesinato de su padre, un materia de enorme contenido dramático que, asimismo, le permitía reflexionar sobre el sentido de la justicia del ciudadano medio así como el reflejar la piscología de los miembros del jurado en tan trascendente decisión.
Su obra fue adaptada con éxito para la televisión en 1954 y tres años después, una producción modesta la trasladó a la gran pantalla bajo la dirección del entonces debutante Sidney Lumet, un realizador que venía del medio televisivo. El empeño personal de su protagonista, Henry Fonda, fue esencial para sacar adelante el proyecto, ya que renunció a su salario habitual de actor consagrado con tal de poder rodar la película y lo cierto es que el padre de Jane Fonda logró una de las interpretaciones más aclamadas de su brillante carrera. La película fue un éxito de crítica, aunque pasó algo desapercibida por las pantallas pero, en cualquier caso supuso la rampa de lanzamiento de Lumet, que tendría una posición destacada en el cine americano de tres décadas.

Sinopsis: En una calurosa tarde de verano los doce miembros de un jurado deben decidir sobre si condenan o no a un muchacho de los suburbios bajos acusado de apuñalar a su padre, tras recibir una paliza del mismo. En una primera votación once miembros le consideran culpable y sólo uno inocente. El voto discrepante produce gran sorpresa en el jurado, ya que el caso parece muy claro: dos testigos aseguran haber visto al joven acuchillar al padre y la coartada del imputado es muy poco sólida.
El jurado nº 8 asegura que no sabe si es culpable o inocente, pero que cree que deben hablar del caso ya que le parece muy precipitado el decidir que un hombre vaya a la muerte sin haber debatido antes sobre el juicio. Como el veredicto de culpabilidad requiere de unanimidad del jurado, los miembros del mismo se ven obligados a hablar del tema. Ello provoca una situación de tensión que se irá agrandando a medida que el jurado nº 8 haga sembrar en todos la duda sobre lo realmente acontecido.
Durante no pocos años esta pieza teatral ha sido debatida por juristas y sociólogos dada la complejidad y brillantez que encierra. El personaje encarnado por Henry Fonda puede ser considerado como ejemplo válido tanto de las ventajas cómo los peligros que encierra un jurado popular: por un lado supone la voz crítica que obliga a reflexionar sobre la decisión precipitada de condenar a un hombre, y por otro implica un enrevesamiento de los hechos que va creando en los miembros del jurado una duda que puede dar lugar a la excarcelación de un asesino. `Parece un poco forzado, desde el punto de vista de la verosimilitud de la trama que sólo a uno de los doce hombres que dan título a la película se le hayan planteado las dudas que al jurado nº 8 le han llevado a cuestionar el veredicto. En realidad, él hace de abogado defensor del acusado y finalmente logra conseguir su absolución. Pero la virtud de esta película es que dicha actitud logra conseguir un suspense admirable, y un retrato de caracteres asombroso. De hecho no sabemos el nombre de ningún miembro del jurado: sólo nos interesan sus reacciones ante los hechos que nos permiten vislumbrar unos estereotipos humanos muy característicos; por ejemplo el jurado nº 3 (L. J Coob) es el más ferviente defensor de la culpabilidad del joven, llegando incluso a la agresividad, al final se descubrirá que su hostilidad procede de la identificación que ha hecho del acusado con su propio hijo, con el que no se habla desde hace dos años, el nº 4 (E.G Marshall) representa la cordura y el análisis frio y racional de los hechos, el nº 7 (Jack Warden) es un desenfadado vendedor al que sólo le importa acabar pronto para llegar a ver su partido de béisbol y cambia su voto sin criterio, con tal de acabar pronto, y el jurado nº 10 (Ed Begley) no puede por su parte disimular sus prejuicios hacia el entorno social del que procede el acusado.

Muchos temas son tratados en “Doce Hombres sin Piedad”: la consideración del delincuente como víctima de una sociedad que le ha dado la espalada y lo ha machacado, pues el presunto asesino no ha recibido más que palizas y vejaciones desde niño, el papel de los ancianos puesto que el principal testigo de la acusación en un hombre mayor que, según llegan a concluir los miembros del jurado, testifica sólo por el mero hecho de hacerse notar, la indefensión de los pobres en los procesos, puesto que de las deliberaciones se deduce que el abogado de oficio no ha puesto mucho empeño en la defensa del acusado así como el micro somas social que la cámara de Lumet nos muestra creando un ambiente opresivo, hasta angustioso, creando momentos de tensión algo efectistas pero bastante logrados. Uno de los mensajes que aparece en la película es que las pruebas, por claras que parezcan, siempre se pueden mirar desde diversas perspectivas, y que la verdad absoluta es casi imposible de discernir en la sala de un juicio. El proceso mediante el cual el jurado 8 va desmontando los argumentos de la acusación y creando una duda razonable en los once miembro restantes, es un itinerario que permite mostrar cómo lo hechos nos son tan claros como en una primera apariencia se muestran, y que los integrantes de un jurado popular pueden ser muy fácilmente impresionables.
No faltó quien acusó a Lumet de realizar teatro filmado, algo que no se aleja demasiado de la realidad, aunque el director supo dar un sentido cinematográfico acusado a la adaptación con un sabio uso de los primeros planos para transmitir las sensaciones de los protagonistas. Los actores son todos excelentes, ninguno de ellos (con la excepción del protagonista) tuvo nunca la condición de gran estrella, pero se trata de una reunión de algunos de los mejores secundarios de la historia del cine americano.
La obra ha sido objeto de numerosas adaptaciones. De hecho, en España el famoso “Estudio 1” realizó una adaptación en 1973, dirigida por Gustavo Pérez Puig con nombres ilustres de la escena y el cine español como José María Rodero, José Bódalo, Vicente Alexandre o Sancho Gracia.
Preguntas:
¿El jurado no experto en derecho tiene capacidad para decidir sobre un caso, pese a su falta de cualificación jurídica?

No hay comentarios:

Publicar un comentario