El realizador franco-griego Costa- Gravas siempre
se ha caracterizado por su fuerte compromiso político y buscar temas
trascendentes en cada una de sus realizaciones. “Desaparecido” (1982)
sobre la complicidad de la CIA con la dictadura del general Pinochet, le abrió
las puertas del mercado americano y en 1989 obtuvo uno de los grandes éxitos de
su carrera con esta notable cinta judicial que retoma el siempre interesante
asunto de los crímenes del nazismo, con la que ganó el Oso de Plata en el
Festival de Berlín de ese mismo año.
La cinta contó con un buen guion de Joe Eszterhas,
que años más tarde rompería el record de salario para un escritor cuando
recibió la friolera de tres millones de dólares de 1991 por el tratamiento de Instinto
Básico. La historia que inspiró a Eszterhas, tuvo dos fuentes: el caso
auténtico del criminal de guerra John Demjanjuk, un inmigrante de
origen ucraniano que se instaló en Estados Unidos tras la II Guerra Mundial, y
que tras ganarse honradamente la vida en el sector del automóvil fue reclamado
por el Gobierno de Israel en 1983 como uno de los participantes del Holocausto
en el campo de concentración de Sobibor en Polonia, en donde era conocido como Iván el Terrible siendo acusado de
participar en la muerte de cerca de 30.000 judíos, Demjanjuk,fue extraditado a
Israel y encontrado culpable por el Tribunal que le juzgó, aunque la pena de
muerte a la que fue condenado fue anulada en posterior apelación. Tras siete
años en prisión volvería a América en donde inició diversos procesos judiciales
que concluyeron con su pérdida de ciudadanía norteamericana.
La segunda de esas fuentes estaba en la propia
historia personal del guionista: Eszterhas, de origen húngaro,
descubrió que su propio padre estaba siendo investigado por el departamento de
Justicia norteamericano debido a su pasado fascista en la Hungría de los años
30-40, en la que se había destacado como propagandista anti-semita, motivo por el cual
cortó toda relación con su padre. Esta trágica historia tuvo un indudable
influjo en el desarrollo de la trama.
Sinopsis: Anne Talbot (Jessica
Lange) es una destacada abogada de Chicago que un día recibe una noticia
que cambia el signo de su vida: el FBI le anuncia que su padre Mike Lazlo, (Armin Mueller-Stah), un inmigrante húngaro que se ha destacado por
su furibundo anti-comunismo, ha sido formalmente acusado de crímenes de guerra
durante la II Guerra Mundial, en la que presuntamente participó en unidades de
la muerte húngaras que colaboraban con los nazis durante la invasión alemana de
su país de origen. El fiscal del caso Jack Burke (Frederic Forrest) cuanta con
varios testimonios de antiguas víctimas que pueden reconocer a Lazlo como autor
de atrocidades durante aquellos días y el gobierno comunista húngaro solicita
su extradición
Su padre la convence para que lleve su defensa y le
asegura que todo se debe a una maniobra contra él como consecuencia de su
destacada oposición al régimen que ahora
rige en su país de origen. Como Talbol es una buena abogada, consigue desmontar
los argumentos en contra de su progenitor, en especial al poner en duda la
fiabilidad de los testigos, en su mayoría gente muy mayor y con un recuerdo
algo borroso de aquellos terribles acontecimientos que ha tratado de olvidar. No obstante, a medida que
el panorama judicial de su padre se empieza a aclarar sus dudas como hija
empiezan a incrementarse……..
En 1950, el nuevo Estado de Israel creaba la llamada
“Ley sobre castigo a los Nazis y sus
colaboradores” un texto jurídico muy polémico que otorgaba al gobierno
israelí la capacidad para pedir la extradición de los criminales de guerra
nazis escondidos por todo el mundo y a los Tribunales israelitas la potestad
para juzgarlos y condenarlos. Fue una figura muy controvertida desde el punto
de vista jurídico, ya que suponía que un Estado juzgaría a nacionales de otros
territorios en función de la legitimidad del pueblo judío para perseguir los
delitos contra su raza. De lo que se trataba en definitiva era del concepto de
justicia universal, que impidiese la impunidad de aquellos responsables de los
peores delitos que el ser humano es capaz de cometer.
Lo destacado de esta película es que Costa-Gravas
aprovecha la historia jurídica para presentar el retrato sociológico de una
familia media americana que simboliza el ideal de la nación surgida de la
Revolución de 1776: el inmigrante que encuentra la oportunidad de una vida
mejor en un país abierto a todos. Mike Lazlo, es un
americano medio, operario de una fábrica, que ha conseguido montar un hogar
desde orígenes humildes e incluso contempla con orgullo que su hija es ahora una prestigiosa abogada que
ha subido en el escalafón social. Su comunidad le toma como referente y sus
hijos así como su nieto le idolatran. Nadie sospecha el tenebroso pasado que
esconde y que ahora se presenta como fantasma que irrumpe en una vida ordenada y
sin grandes sobresaltos salvo los derivados de la convivencia cotidiana como el
divorcio de su hija.
Anne Talbot tiene ante sí el desafío de salvar a su
progenitor de una acusación que considera injusta y monta una estrategia
jurídica fundamentada en sembrar una duda razonable sobre la identificación de
su padre como el responsable de esos asesinatos. El Fiscal del caso ha puesto
todo el celo del mundo en preparar a sus testigos y la letrada demuestra que
alguna de las prácticas de la acusación son poco fiables, en especial en cuanto
a convencer a esos testigos de lo que debían de decir en el juicio; de hecho el
acusador público esconde un oscuro pasado, su mujer falleció en un accidente de
tráfico en el que Burke iba borracho y Talbot le
acusa de querer redimirse a costa de su padre. Aun así, el caso parece estar perdido, en gran medida por
la presión social que provoca el rechazo a una figura tan tenebrosa como un
colaborador del nazismo, así que Talbot, desesperada, se ve obligada a acudir a
su exsuegro, un influyente abogado con importantes contactos políticos que le
da la llave para presentar al tribunal una defensa sólida: los soviéticos han
urdido una estrategia para incriminar a aquellos que critican su sistema
mediante campañas de difamación que implican a inmigrantes del este de Europa
(que huyeron del sistema comunista impuesto las la II Guerra Mundial) con las
atrocidades del nazismo durante la guerra, algo que cuadra con el hecho de que Mike Lazlo se ha
destacado por ser un furibundo anti-comunista, hasta el punto de boicotear una
actuación del ballet húngaro en los Estados Unidos.
Por lo
tanto, “La Caja de Música” toca todos
los temas que suelen acompañar a un proceso con tintes mediáticos: la
repercusión de los medios de comunicación, la trascendencia política de la
decisión judicial, el manejo de influencias que incidan en el proceso y el
seguimiento de la opinión pública por la sensibilidad del tema que se debate.
En ella se hacen referencia a los numerosos matices políticos que el
enjuiciamiento de Lazlo tiene, sobre todo en lo referente a las oscuras
relaciones mantenidas entre las potencias aliadas ganadoras de la guerra
mundial y los propios derrotados. En la post-guerra mundial se empezaba a fraguar
la llamada “guerra fría” que mantuvo
un complicado equilibrio para la paz mundial hasta la desintegración de la
Unión Soviética en 1991, y aunque la justicia sentenció a muchos responsables
del Holocausto, otros menos conocidos conocieron cobijo en el mundo occidental,
como colaboradores necesarios en la lucha contra el ogro comunista.
A medida
que la abogada va indagando en el caso empieza a tener dudas de sobre la
personalidad de su padre, sobre todo a raíz que descubre que durante toda su
vida les ha mentido respecto a su profesión de origen: antes de llegar a
América no era un campesino, como había dicho toda su vida, sino un policía
aunque según él relevado a tareas administrativas. Al final de la película un
viaje al todavía Budapest comunista supone un doloroso descubrimiento: al mismo
tiempo que consigue el sobreseimiento de la causa, una visita a un antiguo
colega de su padre le abre los ojos sobre la verdad de los hechos: en viejas
fotografías reconoce al mismo y lo identifica como aquél que los testigos
señalaban como asesino en los días oscuros de la guerra. Luego, una vieja caja
de música misteriosamente guardada durante años por una persona que había
recibido dinero por parte de Lazlo, muestra en su interior las pruebas
definitivas que incriminan al inmigrante ucraniano que había rehecho su vida en
la tierra de las oportunidades. Así pues, la cinta nos muestra una tesitura
clásica de las relaciones entre derecho y moral: el abogado que sabe de la
culpabilidad de su cliente pero al que está obligado a defender y en este caso
esa circunstancia se da, nada menos, en el contexto de una relación padre-hija
y con el trasfondo de terribles delitos. El final de la película resulta una
concesión a la carrera comercial del film, al concluir con la denuncia pública
de la abogada respecto de su cliente.
“La Caja de Música” es una película
sólida, muy bien desarrollada y que conjuga de forma muy precisa su compleja
temática jurídico-política, con el retrato costumbrista de ciudadanos medios
asaltados por un drama inesperado. Jessica Lange, la actriz que había irrumpido
con un erotismo desenfrenado en “El
Cartero siempre llama dos veces” consiguió uno de los trabajos más
destacados de su carrera demostrando capacidad para cambiar sus registros cuando
empezaba a asomar en la madurez y su sensualidad cedía al paso de los años. No
menos destacado es el rol del intérprete ucraniano Armin Mueller-Stah, en un papel que tuvo candidatos destacados como Kirk
Douglas o Walther Matthau, aunque el realizador decidió optar por un actor
menos conocido al público americano y aumentar la verosimilitud del personaje.
Pregunta:
¿Debe la familia de una criminal
apoyarle en todo caso o rechazarle si ha cometido atrocidades que la sociedad y
las leyes rechazan?
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