Interesantísima cinta
judicial que resulta destacable por tratarse de uno de los mejores retratos que
el mundo del cine ha hecho de la labor de un abogado defensor. Al contrario que
la mayoría de películas del género, que señalan a los letrados como incesantes
buscadores de grandes argumentos y pruebas imposibles, esta cinta del no muy
conocido Barbet Schoreder, disecciona de forma muy eficiente la elaboración de
una teoría jurídica que logra desmontar una condena por homicidio.
La singularidad de “El Misterio……”se encuentra en que se
trata de un caso real que conmocionó a la alta sociedad neoyorkina a comienzos
de los 80 cuando el aristócrata europeo Klaus Von Bulow fue acusado de provocar
la muerte de su riquísima mujer Sunny y tras una apelación presentada por el
`prestigioso penalista Alan Dershowuitz, se liberó de la condena impuesta en
primera instancia. El letrado y profesor universitario recogió sus experiencias
del proceso en el libro “Reversal of
Fortune”, que en 1990 sería la base de esta producción, gracias a la cual
el británico Jeremy Irons ganó el Oscar al mejor actor de ese año.
Sinopsis: En el Nueva York
de 1980 la acaudalada Sunny Von Boluw (Glenn Close), está en esta vegetativo
por dos ataques casi consecutivos. Los hijos de la infeliz millonaria sospechan
que su padrastro Klaus (Jeremy Irons), un elegante aristócrata europeo, aunque
en realidad carente de fortuna personal, puede ser el responsable de su
situación, sobre todo a raíz del descubrimiento de una jeringuilla con
insulina, en el baño de la víctima, algo sospechoso teniendo en cuenta que
Sunny no era diabética. A través de una investigación privada se descubren una
serie de indicio que hacen nacer la sospecha que el marido de la millonaria
pudo ir provocando progresivamente el deterioro de su mujer, de carácter
depresivo y adicta a los fármacos. Además desde hace tiempo Von Bulow tenía una
amante, Andrea, que le presionaba para dejar a su mujer y casarse con ella.
Acusado formalmente el
aristócrata es condenado por homicidio premeditado y, a instancias de su
amante, decide contrata los servicios de Alan Dershowuitz (Ron Silver) un
penalista de origen judío cuyo carácter se sitúa en las antípodas de su
cliente, pero a pesar de la antipatía personal entre ambos, el letrado decide
aceptar el caso por dos motivos: los honorarios que le cobrará al aristócrata
le permitirán llevar casos más altruistas de forma gratuita, y el asunto es un
desafío a su capacidad como abogado dada su dificultad, ya que la sociedad ha
condenado de antemano a Von Bulow, y además Dershowuitz acaba de vivir un
fracaso profesional importante tras no ser capaz de salvar a dos muchachos de
color de la condena por asesinato.
La película sitúa la
acción en dos planos distintos: la relación entre Sunny y Von Bulow, estructurada
a través de diversos flash-backs y la
labor del abogado defensor en búsqueda de la apelación perfecta. Un aspecto
destacado es que en ningún momento se muestra un juicio de valor sobre la
culpabilidad o inocencia del acusado. Dershowuitz y su equipo, formado por
estudiantes de la universidad donde da clases, parten de la base que su enfoque
del caso debe ser completamente aséptico y deben de centrarse en los errores
formales cometidos por la acusación para desmontar el veredicto de
culpabilidad. No se trata pues de demostrar que Von Bulow es inocente, sino que
el estado ha utilizado mecanismos poco sólidos para acusarle y condenarlo. En
definitiva el sistema legal es un todo coherente y sistemático que no aspira a
buscar la verdad sobre los hechos, sino a enjuiciarlos de forma objetiva
respetando siempre el principio esencial que cualquier fisura en la acusación
debe dar lugar a la absolución del sospechoso. Von Bulow ha sido condenado con
pruebas circunstanciales: nadie le ha visto inyectar insulina a su mujer, por
lo que no existe la certeza que lo hiciese él. En su contra se encuentra el
hecho de que un poderoso móvil le podía dar la motivación para el crimen; la
muerte de su mujer le suponía nada menos que 14 millones de dólares. Además en
los últimos tiempos su convivencia matrimonial se había convertido en un
infierno por las continuas infidelidades de Klaus; las ventajas que traía
consigo la muerte de su cónyuge eran claras.
De sus largas
conversaciones con su defendido Dershowuitz llega a la conclusión que debe de trabajar sobre la base de una teoría que
rebata la acusación: fue la propia víctima la quien, hastiada por su fracaso
matrimonial y su infelicidad insuperable se provocó su coma mediante las
inyecciones de insulina y el consumo de pastillas. Cómo nadie fue testigo de
los hechos salvo los propios implicados, la presentación de un argumento
coherente en la apelación es el punto de partida para que esta prospere. Pero
al letrado le queda por superar un escollo, de conformidad con las normas
procesales no es posible introducir hechos nuevos en la apelación, en este caso
los intentos de suicidio, ni impugnar la veracidad pruebas médicas, pero su
equipo de colaboradores encuentra un precedente jurisprudencial que avala esa
posibilidad siempre y cuando esos hecho permitan sostener una teoría que se oponga
a la de la acusación y siembre la duda en el tribunal, cosa que al final
consigue. De nuevo las peculiaridades del derecho anglosajón, y la importancia esencial de la costumbre y los precedentes en el mismo, aparece en una
producción cinematográfica norteamericana. Por lo tanto la película muestra de
forma precisa una construcción de una argumentación jurídica sólida, apoyada en
los testimonios del acusado, los hechos conocidos y los precedentes judiciales;
una magnifica clase de derecho práctico entrelazada con el drama personal de un
matrimonio roto.
Al final de la cinta,
cuando la victoria judicial del aristócrata le ha salvado de la cárcel, el
incisivo profesor le espeta una frase muy reveladora. “Jurídicamente ha sido un gran éxito, moralmente se encuentra usted
sólo”. Es una frase muy reveladora de la ideología de la película: la
verdad sólo pertenece a aquellos que estuvieron presentes en el drama, pero el
enjuiciamiento de la misma debe dejar de lado las especulaciones. Aunque el
abogado no sienta simpatía por su cliente, y aún más, pese a que puede ser
culpable, eso es algo que no debe influenciar en su labor como experto en leyes.
Pregunta:
¿Los
sistemas legales aspiran a descubrir la verdad o a dar una solución coherente a
los litigios que se les plantean?


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